lunes, 30 de abril de 2012

San Pío V




"Pues bien: a fin de que todos abracen y observen en todas partes lo que les ha sido transmitido por la sacrosanta Iglesia Romana, madre y maestra de las demás Iglesias, en adelante y por la perpetuidad de los tiempos futuros prohibimos que se cante o se recite otras fórmulas que aquellas conformes al Misal editado por Nos, y esto en todas las Iglesias Patriarcales, Catedrales, Colegiadas y Parroquiales de las Provincias del orbe cristiano, seculares y regulares de cualquier Orden o Monasterio – tanto de varones como de mujeres e incluso de milicias – y en las Iglesias o Capillas sin cargo de almas, donde se acostumbra o se debe celebrar la Misa Conventual, en voz alta con coro o en voz Baja, según el rito de la Iglesia Romana".

De la Bula "Quo primum tempore"
San Pío V

Cardenal Burke oficiará varias Misas con la Forma Extraordinaria en el mes de mayo


Su Eminencia el Cardenal Raymond Leo Burke, Predecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, celebrará la Santa Misa Prelaticia con la Forma Extraordinaria del Rito Romano, en el marco de la peregrinación al Santuario de Santa María de Leuca, en Italia, el próximo 1 de mayo.

El día 2 de mayo en la Parroquia de San Nicandro Garganico, Italia, el Cardenal Burke celebrará la Santa Misa con el Misal del beato Juan XXIII, para un grupo de fieles que promueven la Forma Extraordinaria.

El 3 de mayo, el Cardenal Burke celebrará la Santa Misa con la Forma Extraordinaria del Rito Romano, en la Basílica del Santo Sepulcro de Barletta, Italia, invitado por otro grupo que promueve la Misa Tradicional.

domingo, 29 de abril de 2012

Pontifical en Tréveris









Del 20 al 22 de abril de este año, 2.500 peregrinos vinculados a las comunidades unidas a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei han peregrinado a la ciudad de Tréveris (Trier) en Alemania, para venerar la reliquia de la Santa Túnica de Cristo. Su Eminencia el Cardenal Walter Brandmüller ofició Santa Misa Pontifical con la Forma Extraordinaria del Rito Romano en la iglesia de San Maximino, a la que asistió en coro Monseñor Stephan Ackermann, Obispo de Tréveris. Los peregrinos recibieron la bendición apostólica de Su Santidad, con indulgencia plenaria. Tras la Misa acudieron en procesión a la Catedral de Tréveris para venerar la preciada reliquia.

Con la presencia del Obispo de Tréveris son ya 270 los cardenales y obispos que han oficiado o asistido a actos litúrgicos con la Forma Extraordinaria del Rito Romano desde la entrada en vigor del motu proprio Summorum Pontificum.


New Liturgical Movement

martes, 24 de abril de 2012

Benedicto XVI pide a los obispos germanoparlantes que obedezcan a sus directrices sobre la traducción del "pro multis"


Como recordarán, la carta de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos data  hace seis años, en la que se anunciaba que la traducción de las palabras “pro multis” de la consagración del cáliz en la Misa serían corregidas y dejarían de traducirse “por todos” y pasarían a ser correctamente traducidas como “por muchos”. Seis años después, los medios de comunicación en alemán (Dom Radio, Radio Vaticano) reportan que con fecha del 14 de abril, que  el Papa Benedicto XVI ha remitido una carta al presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, Mons. Robert Zollitsch, y al Presidente de la Conferencia Episcopal de Austria, Card. Christoph Schönborn; para que preparen a los creyentes para este cambio (que seis años después no se ha producido) en la traducción alemana de la litugia, sobre lo cual —expresa el Papa en su carta— no existe consenso entre los obispos de lengua alemana.

Lo que es increible es que el Papa en su carta explique nuevamente a los obispos germanoparlantes las motivaciones de la correcta traducción del “pro multis”, cosa que ya se había hecho en la carta de 2006 de la CCDDS.

Claros tintes de desobediencia de esa bicefalia creada por la Conferencias Episcopales. 

Secretum Meum Mihi

Un papado restaurador, por Juan Manuel de Prada


Siete años han transcurrido ya desde que Benedicto XVI ocupase la silla de Pedro; y el aniversario nos sirve de excusa para destacar aquí lo que a todas luces constituye el signo más distintivo y esperanzador de su papado, que no es otro sino la restauración doctrinal de la Iglesia, malherida tras las inercias, malos usos y flagrantes abusos acaecidos en época postconciliar. Quizá la acción más divulgada por la prensa de este designio restaurador haya sido el empeño del pontífice en afrontar sinceramente el escándalo de la pederastia en el clero, fenómeno no por marginal menos indigno y muy expresivo del azote del secularismo, que durante décadas ha campado por sus fueros en el seno de la Iglesia. Pero Benedicto XVI no se ha limitado a combatir las consecuencias de esta calamidad (según la receta propia de nuestra época, que pone farisaicamente cadalsos a las consecuencias, a la vez que entroniza las causas), sino que ha indagado las raíces del problema, descubriendo que su sanación verdadera sólo será posible si se combaten los errores doctrinales de fondo que han infectado a ministros y fieles; errores con los que se había transigido o contemporizado de forma un tanto irresponsable en pasadas décadas.

Muestras de este designio restaurador las tenemos por doquier; a algunas no les prestan atención ni los propios curas, que se resisten, por ejemplo, a poner reclinatorios en la comunión. Pero tal vez la muestra más llamativa (e incomprendida por muchos, aun en el seno de la propia Iglesia) sean los esfuerzos de acogida que Benedicto XVI está mostrando con la fraternidad sacerdotal de San Pío X, fundada por Marcel Lefebvre. En julio de 2007, Benedicto XVI promulgaba la carta apostólica «Summorum Pontificum», emitida en forma de motu proprio, en la que daba una mayor facilidad para la celebración de la misa tridentina. Posteriormente, en enero de 2009, Benedicto XVI levantaba en un decreto pontificio la excomunión a los cuatro obispos ordenados de forma irregular por Lefebvre; y en septiembre de 2011 Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, entregaba a Fellay, superior de la Fraternidad, un «Preámbulo Doctrinal» que, en caso de ser aceptado, pondría fin a la ruptura. Desde entonces, se han sucedido los contactos, que según los últimos indicios podrían resolverse con la plena regularización canónica de la Fraternidad.

A simple vista, puede parecer un episodio menor; pero tal vez se trate del gran acontecimiento de este papado. A pesar de las intemperancias mostradas por algunos miembros de la Fraternidad, a pesar de las resistencias y desconfianzas de muchos prelados, a pesar de la animadversión furiosa que ciertos sectores eclesiásticos progresistas (y también, por cierto, conservadores, en paradójica alianza) exhiben ante los «lefebvrianos», el Papa no ha cejado en su voluntad explícita de propiciar la reconciliación definitiva con este grupo tradicionalista. Benedicto XVI es un testigo privilegiado del «proceso de decadencia y autodestrucción» (empleamos expresiones suyas) que «fuerzas latentes agresivas, polémicas, centrífugas» desataron en el seno de la Iglesia, en las décadas posteriores al Concilio Vaticano II. En su esfuerzo por propiciar la regularización canónica de la Fraternidad de San Pío X (que, en caso de consumarse, le acarreará incomprensiones por doquier y una feroz campaña mediática de desacreditación) vislumbramos el propósito regenerador de un Papa que no se conforma con atajar las consecuencias funestas de un proceso degenerativo, sino que aspira a una auténtica regeneración del tejido enfermo. Gaudeamus igitur.

Juan Manuel de Prada

lunes, 23 de abril de 2012

Ordenación de diácono en Castel Giuliano








El pasado domingo 15 de abril, el Cardenal Raymond Leo Burke, Prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, ordenó un diácono a un miembro de Miles Christi. La Santa Misa Novus Ordo, fue celebrada en la Parroquia de Castel Giuliano, en la Diócesis suburbicaria de Porto-Santa Rufina, Italia.

Destacamos el uso de ornamentos tradicionales, de la dalmática pontifical, de la disposición del altar con crucifijo y siente candelabros, así como el uso del reclinatorio para comulgar.

Diócesis Suburbicaria de Porto-Santa Rufina

Nuevo libro sobre San Juan de Ávila


Tras el anuncio del doctorado de San Juan de Ávila por parte de nuestro Santo Padre Benedicto XVI, el pasado mes de agosto de 2011, la editorial EDIBESA se propuso la tarea de escribir un nuevo libro sobre el Santo Maestro Ávila, trabajo que encomendó al sacerdote toledano Jorge López Teulón. Por fin sale a la luz este trabajo en vísperas del día del libro (23 de abril) y en la cercana fiesta del Santo Apóstol de Andalucía (10 de mayo).

domingo, 22 de abril de 2012

Ad Orientem en Roma




Su Eminencia el Cardenal Manuel Monteiro de Castro, Penitenciario Mayor de la Iglesia y antiguo Nuncio Apostólico en Madrid ofició una Santa Misa Novus Ordo, ad Orientem, en la iglesia de San Benedetto in Piscinula, en el Trastevere de Roma, en Acción de Gracias por el XIº aniversario de la Aprobación Pontificia de los Heraldos del Evangelio, en la pasada cuaresma.

Concelebraron el rector de la Iglesia P. Francois Bandet, E.P., el superior de los Heraldos en Italia, D. José Francisco Hernández Medina, E.P. y otros sacerdotes. Los Heraldos del Evangelio fueron fundados en Brasil por Mons. João S. Clá Dias y el Beato Juan Pablo II les concedió la aprobación pontificia en el año 2001.

Destacamos el uso de reclinatorios para comulgar.

Cardenal Bagnasco realza la importancia del culto a las reliquias de los santos




Su Eminencia el Cardenal Angelo Bagnasco, Arzobispo de Génova y Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, ha celebrado recientemente una Santa Misa Novus Ordo en la Catedral de San Lorenzo de Génova, con motivo del centernario de la Asociación de voluntarios que acompañan a los enfermos a Lourdes. En la Misa se veneró la reliquia de Santa Bernardita, vidente de Lourdes. El Cardenal Bagnasco puso en realce el culto a las sagradas reliquias, tan denostado en nuestro tiempo por muchos eclesiáticos:

 "El culto de las reliquias está todavía vigente, porque es un acto de fe, no tiene nada que ver con el fetichismo, pero responde a una necesidad antropológica, aquella del hombre para ver de cerca, para tener un contacto físico con las cosas del espíritu".

Destacamos igualmente el esmerado cuidado de la Liturgia así como el uso de ornamentos tradicionales y la dalmática pontifical.

sábado, 21 de abril de 2012

III Encuentro Summorum Pontificum en Brasil


Nos informan de la celebración el próximo mes de septiembre del III Encuentro Sacerdotal Summorum Pontificum en Salvador de Bahía, Brasil. Este año como novedad respecto de los años anteriores, no sólo irá enfocado a la formación de los sacerdotes sino que también fomentará la capacitación de los fieles.

Entre los ponentes destaca la asistencia de varios obispos de Brasil así como Mons. Nicola Bux, Consultor de las Congregaciones para la Doctrina de la Fe, del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos y del Ofício de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.

Exequias de Mons. Cerviño, Obispo Emérito de Tui-Vigo






Exequias de Mons. José Cerviño Cerviño, Obispo emérito de Tuy-Vigo, en España, fallecido a los 91 años. Destaca el uso de ornamentos negros, el hábito coral de los canónigos, la presidencia del obispo en la cátedra, los siete candelabros en el altar con el crucifijo en el centro a ejemplo de la Liturgia Papal, entre otras cosas.

Acción Litúrgica

Funeral con la Forma Extraordinaria en Imperia, Italia





Nos hacen llegar estas imágenes del primer funeral celebrado el pasado 16 de abril, con la Forma Extraordinaria del Rito Romano en Imperia, Italia, en el Santuario de Nuestra Señora de Loreto in Borgo Peri. Los familiares de la difunta pidieron la celebración de las exequias con la Forma Extraordinaria amparándose en el Motu Proprio Summorum Pontificum. La Santa Misa fue cantada por don Francesco Giordano, del clero diocesano de Albenga-Imperia.

viernes, 20 de abril de 2012

Mons. Schneider sobre la Sagrada Liturgia


El 15 de enero de 2012, la asociación parisina Réunichatho, que nació apenas publicado el motu proprio Summorum Pontificum, organizó el cuarto encuentro por la unidad católica. Reproducimos a continuación, en su versión completa, el texto de la intervención del invitado de honor de esa jornada, Mons. Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de Santa María de Astana, Secretario de la Conferencia Episcopal de Kazajistán, y gran promotor de la comunión en la boca, sobre el tema “La Forma Extraordinaria y la Nueva Evangelización”.

(Los subtítulos son de la redacción)
***

I – Dirigir nuestra mirada hacia Cristo

Para hablar correctamente de la nueva evangelización, es indispensable dirigir primero nuestra mirada hacia Aquél que es el verdadero Evangelizador, es decir, Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, el Verbo de Dios hecho Hombre. El Hijo de Dios vino a esta tierra para expiar y redimir el pecado mayor, el pecado por excelencia. Y este pecado por excelencia de la humanidad consiste en el rechazo de adorar a Dios, en el rechazo de dejarle el primer lugar, el lugar de honor. Este pecado de los hombres consiste en no prestar atención a Dios, en ya no tener el sentido de las cosas, o sea, de los detalles que tienen que ver con Dios y la adoración que se le debe, en no querer ver a Dios, en no querer arrodillarse ante Dios.

Frente a semejante actitud, la Encarnación de Dios es molesta, y de rebote, también molesta la presencia real de Dios en el misterio eucarístico, molesta la centralidad de la presencia eucarística de Dios en las iglesias. El hombre pecador quiere, en efecto, ponerse en el centro, tanto dentro de la iglesia como durante la celebración eucarística, quiere ser visto, quiere ser notado. Por esta razón se prefiere colocar a Jesús Eucaristía, Dios Encarnado, presente en el tabernáculo bajo la forma eucarística, al costado. Incluso la representación del Crucificado en la Cruz en medio del altar durante la celebración resulta molesta, porque el rostro del sacerdote se vería oculto. Así pues, tanto la imagen del Crucificado en el centro del altar como Jesús Eucaristía en el tabernáculo son molestos. En consecuencia, la cruz y el tabernáculo se desplazan al costado. Durante el oficio, los asistentes deben poder observar todo el tiempo la cara del sacerdote, y éste sentir agrado en ponerse literalmente todo el tiempo en el centro de la casa de Dios. Y si por casualidad, Jesús Eucaristía, a pesar de todo, está en tabernáculo en el centro del altar, debido a que el ministerio de monumentos históricos, incluso en un régimen ateo, prohibió por razones artísticas de conservación del patrimonio que se lo desplazara, el sacerdote, muchas veces, le da la espalda sin escrúpulos a lo largo de la celebración.

Cuántas veces los sencillos adoradores de Cristo, en su simplicidad y humildad, habrán exclamado: “¡Benditos sean, Monumentos históricos! Nos dejaron por lo menos a Jesús en el centro de nuestra iglesia.”


II – La misa, dar gloria a Dios y no a los hombres

Sólo a partir de la adoración y la glorificación de Dios la Iglesia puede anunciar de manera adecuada la palabra de verdad, es decir, evangelizar. Antes de que el mundo oyera a Jesús, el Verbo Eterno hecho carne, predicar y anunciar el reino, Jesús se calló y adoró durante treinta años. Ésta es la norma para siempre en la vida y la acción de la Iglesia como de todos los evangelizadores. “En la manera de tratar la liturgia es donde se decide el destino de la Fe y de la Iglesia”, dijo el cardenal Ratzinger, nuestro actual Papa, Benedicto XVI. El Concilio Vaticano II quiso recordar a la Iglesia cuál era la realidad y cuál la acción que debían tener primacía en su vida. Por tal motivo, el primer documento conciliar estaba consagrado a la liturgia. Con ello, el concilio nos da los siguientes principios: En la Iglesia, y por lo tanto en la liturgia, lo humano debe orientarse hacia lo divino y estarle subordinado, así como lo visible con relación a lo invisible, la acción respecto de la contemplación, y el presente con respecto a la ciudad futura, a la cual aspiramos (cfr. Sacrosantum Concilium, 2). Según las enseñanzas del Vaticano II, nuestra liturgia terrena es como un anticipo de la liturgia celestial de la ciudad santa de Jerusalén (cfr. ídem, 2).

Por lo tanto, todo en la liturgia de la Santa Misa debe servir para expresar de la forma más diáfana la realidad del sacrificio de Cristo, es decir, las oraciones de adoración, de acción de gracias, de expiación, de súplica, que el eterno Sumo Sacerdote ha presentado a Su Padre.

El rito y todos los detalles del Santo Sacrificio de la misa deben tener como eje la glorificación y la adoración de Dios, con insistencia en la centralidad de la presencia de Cristo, ya sea en el signo y en la representación del Crucificado, ya en Su presencia eucarística en el tabernáculo, y sobre todo, en el momento de la consagración y de la santa comunión. Cuanto más se respete esto, menos se pondrá al hombre en el centro de la celebración, menos se parecerá la celebración a un círculo cerrado; al contrario, estará abierta, incluso de una manera externa, hacia Cristo, como en una procesión que se dirige hacia Él con el sacerdote a su cabeza, y tal celebración eucarística reflejará de modo verdadero el sacrificio de adoración de Cristo en cruz, más ricos serán los frutos que recibirán los participantes en su alma, provenientes de la glorificación de Dios, más los honrará Dios.

En la medida en que el sacerdote y los fieles busquen verdaderamente en las celebraciones eucarísticas la gloria de Dios y no la gloria de los hombres, ni busquen recibir la gloria unos de otros, más los honrará Dios, dejando participar su alma de manera más intensa y fértil en la Gloria y en el Honor de su Vida divina.

Actualmente y en diversos lugares de la tierra, muchas son las celebraciones de la Santa Misa a cuyo propósito se podrían decir las siguientes palabras, invirtiendo las palabras del salmo 113, versículo 9: “A nosotros, oh Señor, y a nuestro nombre da la gloria”, y también, a propósito de tales celebraciones, se aplican las palabras de Jesús: “¿Cómo podéis vosotros creer, cuando tomáis la gloria los unos de los otros? Y no buscáis la gloria que viene del Dios único”. (Juan, 5,44).


III – Los seis principios de la reforma litúrgica

El Concilio Vaticano II emitió, con respecto a una reforma litúrgica, los siguientes principios:
1. Lo humano, lo temporal, la actividad deben, durante la celebración litúrgica, orientarse a lo divino, lo eterno, la contemplación, y tener un papel subordinado con relación a estos últimos (cfr. Sacrosantum Concilium, 2).
2. Durante la celebración litúrgica, se deberá estimular la toma de conciencia con relación al hecho de que la liturgia terrestre participa de la liturgia celestial (cfr. Sacrosantum Concilium, 8).
3. No debe haber, pues, absolutamente ninguna innovación, ninguna creación nueva de los ritos litúrgicos, en particular, en el rito de la misa, a menos de que se siga un provecho verdadero y cierto en beneficio de la Iglesia y con la condición de proceder con prudencia y de que, eventualmente, las formas nuevas reemplacen las existentes de manera orgánica (cfr.Sacrosantum Concilium, 23).
4. Los ritos de la misa deben ser tales que lo sagrado se vea expresado más explícitamente (cfr.Sacrosantum Concilium, 21).
5. El latín debe ser conservado en la liturgia y sobre todo en la Santa Misa (cfr. Sacrosantum Concilium, 36 y 54).
6. El canto gregoriano ocupa el primer lugar en la liturgia (cfr. Sacrosantum Concilium, 116).

Los Padres conciliares veían sus proposiciones de reforma como una continuación de la reforma de Pío X (cfr. Sacrosantum Concilium, 112 y 117) y del siervo de Dios Pío XII, y de hecho, la encíclica más citada en la constitución litúrgica es la Mediator Dei del papa Pío XII.

El papa Pío XII ha dejado a la Iglesia, entre otros, un principio importante de la doctrina sobre la Santa Liturgia, a saber, la condenación de lo que se llama el arqueologismo litúrgico, cuyas propuestas coincidían en gran medida con las del sínodo jansenista y protestantizante de Pistoya de 1786 (cf. Mediator Dei, nº 63-64) y que, de hecho, recuerdan el pensamiento teológico de Martín Lutero.

Por ello, ya el Concilio de Trento había condenado las ideas litúrgicas protestantes, sobre todo, el acento exagerado en la noción de banquete en la celebración eucarística en detrimento del carácter sacrificial, la supresión de signos unívocos de sacralidad como expresión del misterio de la liturgia (cfr. Concilio de Trento, sesión XXII).

Las declaraciones litúrgicas doctrinales del magisterio, como en este caso las del Concilio de Trento y la encíclica Mediator Dei, reflejadas en una praxis litúrgica secular más que milenaria, constante y universal, estas declaraciones, pues, hacen parte de ese elemento de la santa tradición que no puede abandonarse sin grandes daños en el plano espiritual. El Vaticano II retomó estas declaraciones doctrinales sobre la liturgia, como puede constatarse leyendo los principios generales del culto divino en la constitución litúrgica Sacrosantum Concilium.

Como error concreto en el pensamiento y en el actuar del arqueologismo litúrgico, el papa Pío XII cita la proposición de dar al altar la forma de una mesa (cfr. Mediator Dei nº 62). Si ya el Papa Pío XII rechazaba el altar en forma de mesa, ¡es de imaginar cómo habría rechazado, a fortiori, la propuesta de una celebración como si fuera alrededor de una mesa “versus populum”!

Cuando en el número 2, Sacrosantum Concilium enseña que en la liturgia se debe dar la prioridad a la contemplación y que toda celebración de la misa debe estar orientada hacia los misterios celestiales (cfr.i nº 2 y nº 8), se hace eco fiel de la siguiente declaración del Concilio de Trento: “Dado que la naturaleza del hombre está hecha de tal manera que no se deja elevar fácilmente a la contemplación de las cosas divinas sin ayudas externas, la Madre Iglesia, en su benevolencia, ha introducido ritos precisos; ha recurrido, apoyada en la enseñanza apostólica y en la tradición, a ceremonias tales como bendiciones llenas de misterio, velas, incienso, vestimentas litúrgicas y muchas otras cosas; todo esto debería incitar en los espíritus de los fieles, gracias a signos visibles de la religión y la piedad, la contemplación de las cosas sublimes” (sessio XXII, cap. 5).

Sin duda alguna, los Padres conciliares reconocieron como plenamente válidas las enseñanzas citadas del magisterio de la Iglesia y sobre todo la de Mediator Dei; en consecuencia, aún hoy deben ser plenamente válidas para todos los hijos de la Iglesia.


IV – Las cinco llagas del cuerpo místico litúrgico de Cristo


En la carta enviada a todos los obispos de la Iglesia Católica que Benedicto XVI adjuntó al Motu Proprio Summorum Pontificum del 7 de julio de 2007, el papa hace esta declaración importante: “En la historia de la liturgia, hay crecimiento y progreso, pero no ruptura. Lo que fue sagrado para las generaciones pasadas, debe seguir siendo sagrado y grande para nosotros”. Al decir esto, el papa expresa el principio fundamental de la liturgia enseñado por el Concilio de Trento, el papa Pío XII y el Concilio Vaticano II.

Si se observa, sin ideas preconcebidas y de modo objetivo, la práctica litúrgica de la aplastante mayoría de las iglesias en todo el mundo católico donde la forma ordinaria del rito romano está en uso, nadie puede negar, con honestidad, que los seis principios litúrgicos mencionados por el Concilio Vaticano II no son respetados o en todo caso, lo son muy poco, aunque se declare erróneamente que esta práctica de la liturgia fue deseada por el Vaticano II. Existen un cierto número de aspectos concretos en la práctica de la liturgia dominante actual, en el rito ordinario, que representan una ruptura visible con una práctica litúrgica constante desde hace más de un milenario. Se trata de los cinco usos litúrgicos siguientes, que podemos designar como las cinco llagas del cuerpo místico litúrgico de Cristo. Se trata de llagas, pues representan una ruptura violenta con el pasado, porque ponen menos el acento en el carácter sacrificial que es, sin embargo, el carácter central y esencial de la misa, y en cambio, ponen el acento en el banquete; todo esto disminuye los signos externos de adoración divina, ya que ponen menos de relieve el carácter de misterio en aquello que tiene de celestial y eterno.

Con relación a estas cinco llagas, se trata de cosas –con excepción de una (las nuevas oraciones del ofertorio)– que no están previstas en la forma ordinaria del rito de la misa, sino que fueron introducidas deplorablemente en la práctica.

A) La primera llaga, y la más evidente, es la celebración del sacrificio de la misa en que el sacerdote celebra con la cara vuelta hacia los fieles, en particular durante la oración eucarística y la consagración, el momento más alto y sagrado de la adoración debida a Dios. Por su propia naturaleza, esta forma exterior corresponde más bien a la manera en que se da una clase o se comparte una comida. Estamos en presencia de un círculo cerrado. Y este modo no es conforme, en absoluto, al momento de la oración y menos aún al de la adoración. Ahora bien, el Vaticano II no deseó para nada esta forma, y nunca fue recomendada por el magisterio de los papas posconciliares. El Papa Benedicto XVI escribe en el prefacio al primer tomo de sus obras completas: “La idea de que el sacerdote y la asamblea deban mirarse durante la oración nació entre los modernos y es totalmente ajena a la cristiandad tradicional. El sacerdote y la asamblea no se dirigen mutuamente una oración, es al Señor a quien se dirigen. Por ello en la oración, miran en la misma dirección: o bien al este, como símbolo cósmico de la vuelta del Señor, o allí donde esto no es posible, hacia una imagen de Cristo situada en el ábside, hacia una cruz o simplemente juntos hacia lo alto”.

La forma de celebración donde todos dirigen su mirada en la misma dirección (conversi ad orientem, ad Crucem, ad Dominum) se encuentra incluso señalada en las rúbricas del nuevo rito de la misa (cfr. Ordo Missae, n. 25, n. 133 et n. 134). La celebración llamada “versus populum”, ciertamente, no corresponde a la idea de la Sagrada Liturgia tal como está mencionada en las declaraciones de Sacrosantum Concilium, nº 2 y nº 8.

B) La segunda llaga es la comunión en la mano, extendida prácticamente en todo el mundo. No sólo los Padres Conciliares del Vaticano II no evocaron en modo alguno esta manera de recibir la comunión, sino que fue introducida por cierto número de obispos en desobediencia a la Santa Sede e ignorando el voto negativo de 1968 emitido por la mayoría del cuerpo episcopal. Solamente más tarde, el Papa Pablo VI la legitimó bajo condiciones particulares y a disgusto.

El Papa Benedicto XVI, a partir de la fiesta de Corpus Christi de 2008, sólo distribuye la comunión a los fieles de rodillas y en la boca, y no sólo en Roma, sino también en todas las iglesias locales a las que visita. Así, da a toda la Iglesia un ejemplo claro de magisterio práctico en materia litúrgica. Si la mayoría calificada del cuerpo episcopal, tres años después del concilio, rechazó la comunión en la mano como algo perjudicial, ¡cuánto más lo habrían hecho los Padres conciliares!

C) La tercera llaga son las nuevas oraciones del ofertorio. Son una creación totalmente nueva y jamás estuvieron en uso en la Iglesia. Expresan menos la evocación del misterio del sacrificio de la cruz que la de un banquete y recuerdan las oraciones de la comida sabática judía. En la tradición más que milenaria de la Iglesia de Occidente y de Oriente, las oraciones del ofertorio siempre tuvieron como eje, de forma expresa, el misterio del sacrificio de la cruz (cfr. por ejemplo Paul Tirot, Historia de las oraciones del ofertorio en la liturgia romana del siglo VII al siglo XVI, Roma, 1985). Semejante creación, es absolutamente nueva y sin duda alguna está en contradicción con la formulación clara del Vaticano II que recuerda: “Innovationes ne fiant … novae formae ex formis iam exstantibus organice crescant” (Sacrosanctum Concilium, 23).

D) La cuarta llaga es la desaparición total del latín en la inmensa mayoría de las celebraciones eucarísticas de la forma ordinaria en la totalidad de los países católicos. Esa es una infracción directa contra las decisiones del Vaticano II.

E) La quinta llaga es el ejercicio de los ministerios litúrgicos de lector y de acólito por mujeres, así como el ejercicio de estos mismos ministerios con ropas civiles en el coro durante la Santa Misa, por fieles que acceden allí directamente desde el espacio reservado a estos últimos. Esta costumbre no ha existido jamás en la Iglesia, o al menos nunca fue bienvenida. Confiere a la celebración de la misa católica el carácter externo de algo informal, el carácter y el estilo de una asamblea más bien profana. El segundo concilio de Nicea prohibía, ya en 787, tales prácticas cuando dictaba el siguiente canon: “A quien no está ordenado, no le está permitido hacer la lectura desde el ambón durante la santa liturgia” (can. 14). Esta norma fue siempre respetada en la Iglesia. Sólo los subdiáconos o los diáconos tenían el derecho de hacer la lectura durante la liturgia de la Misa. En reemplazo de los lectores y acólitos faltantes, pueden hacerlo hombres o niños con hábitos litúrgicos, y no mujeres, dado que el sexo masculino, en el plano de la ordenación no sacramental de los lectores y acólitos, representa simbólicamente el último vínculo con las órdenes menores.

En los textos del Vaticano II no se hace ninguna mención de la supresión de las órdenes menores y del subdiaconado, ni de la introducción de nuevos ministerios. En Sacrosanctum Concilium n° 28, el concilio hace una diferencia entre “minister” y “fidelis” durante la celebración litúrgica y estipula que uno y otro sólo tienen el derecho de hacer lo que les corresponde según la naturaleza de la liturgia. El nº 29 menciona a los “ministrantes”, esto es, a los monaguillos que no recibieron ninguna ordenación. En oposición a éstos, estarían, según los términos jurídicos de la época, los “ministri”, o sea, aquéllos que recibieron una orden, ya sea mayor o menor.


V – El motu proprio para acabar con la ruptura litúrgica

Mediante el Motu Proprio Summorum Pontificum, el Papa Benedicto XVI estipula que las dos formas del rito romano deben ser consideradas y tratadas con el mismo respeto, porque la Iglesia sigue siendo la misma antes y después del Concilio. En la carta que acompaña el motu proprio, el papa anhela que las dos formas se enriquezcan mutuamente. Además, desea que en la nueva forma “aparezca, lo que no ha sido el caso hasta el presente, el sentido de lo sagrado que atrae a muchas personas hacia el rito antiguo”.

Las cuatro llagas litúrgicas o usos desafortunados (celebración versus populum, comunión en la mano, abandono total del latín y del canto gregoriano e intervención de las mujeres en los ministerios de la lectura y del acolitado) no tienen en sí nada que ver con la forma ordinaria de la misa y, además, están en contradicción con los principios litúrgicos del Vaticano II. Si se pusiera fin a estos usos, se volvería a la verdadera enseñanza litúrgica del Vaticano II. Y en ese caso, las dos formas del rito romano se aproximarían enormemente, de modo que, al menos externamente, no se habría de constatar la ruptura entre ambas, y por tanto, tampoco la ruptura entre la Iglesia de antes y después del concilio.

En cuanto a las nuevas oraciones del ofertorio, sería de desear que la Santa Sede las reemplazara por las oraciones correspondientes de la forma extraordinaria o, al menos, que permitiera su utilización ad libitum. Así no sólo se evitaría la ruptura entre las dos formas exteriormente, sino también interiormente. Si hay algo que la mayoría de los Padres conciliares no quiso, fue la ruptura en la liturgia; testimonio de ello son las actas del concilio, porque en los dos mil años de historia de la liturgia de la Santa Iglesia, jamás hubo ruptura litúrgica, y en consecuencia, no debe haberla jamás. En cambio, debe haber una continuidad, tal como conviene que sea en el ámbito del magisterio.

Las cinco llagas en el cuerpo litúrgico de la Iglesia evocadas aquí reclaman curación. Representan una ruptura comparable a la del exilio de Aviñón. La situación de una ruptura tan neta en una expresión de la vida de la Iglesia que lejos está de carecer de importancia, –antiguamente, la ausencia de los papas de la ciudad de Roma, hoy una ruptura visible entre la liturgia antes y después del concilio– esta situación reclama curación.

Por ello, hoy se necesitan nuevos santos, una o varias Santa Catalina de Siena. Se necesita la “vox populi fidelis” que reclamen la supresión de esta ruptura litúrgica. Pero lo trágico en la historia, es que hoy como ayer en el tiempo del exilio de Aviñón, una gran mayoría del clero, sobre todo del alto clero, está satisfecho con este exilio, con esta ruptura.

Antes de que se puedan esperar frutos eficaces y duraderos de la nueva evangelización, es necesario que en el seno de la Iglesia se instaure un proceso de conversión. ¿Cómo se puede llamar a los otros a convertirse si, entre los que llaman, no ha habido ninguna conversión convincente hacia Dios, porque, en la liturgia, no están suficientemente vueltos hacia Dios, tanto interior como exteriormente? El sacrificio de la misa, el sacrificio de adoración a Cristo, el mayor misterio de la fe, el acto de adoración más sublime, se celebra en un círculo cerrado, mirándose unos a otros.

Falta la “conversio ad Dominum” necesaria, incluso externamente, físicamente. Puesto que durante la liturgia, se trata a Cristo como si no fuera Dios y no se le manifiestan signos externos claros de una adoración debida a Dios solo, como cuando los fieles reciben la Santa Comunión de pie y, además, en la mano como un alimento ordinario, tomándola con los dedos y metiéndosela ellos mismos en la boca. Aquí hay un peligro de una especie de arrianismo o de semi-arrianismo eucarístico.

Una de las condiciones necesarias para una nueva evangelización fructuosa sería el siguiente testimonio de la Iglesia en el plano del culto litúrgico público, observando al menos estos dos aspectos del Culto divino, a saber:
1) Que en toda la tierra, la Santa Misa se celebre, incluso en la forma ordinaria, con una postura de “conversio ad Dominum” interior y también, necesariamente, exterior.
2) Que los fieles doblen la rodilla delante de Cristo en el momento de la Santa comunión, como San Pablo pide evocando el nombre y la persona de Cristo (cfr. Filip. 2, 10), y que Lo reciban con el mayor amor y el mayor respeto posibles, como le corresponde en tanto verdadero Dios.

Gracias a Dios, el papa Benedicto XVI ha comenzado el proceso de retorno del exilio de Aviñón, mediante dos medidas concretas que son el Motu proprio Summorum Pontificum y la reintroducción del rito de comunión tradicional.

Hacen falta aún muchas oraciones y tal vez una nueva Santa Catalina de Siena a fin de que se den los restantes pasos para curar las cinco llagas del cuerpo litúrgico y místico de la Iglesia y para que Dios sea venerado en la liturgia con ese amor, ese respeto, ese sentido de lo sublime que siempre fueron característicos de la Iglesia y su enseñanza, en particular, a través del Concilio de Trento, el papa Pío XII en su encíclica Mediator Dei, el concilio Vaticano II en su constitución Sacrosantum Concilium y el papa Benedicto XVI en su teología de la liturgia, en su magisterio litúrgico práctico y en el motu proprio antes citado.

Nadie puede evangelizar si primero no ha adorado, incluso si no adora permanentemente y no da a Dios, Cristo Eucaristía, una verdadera primacía en la forma de celebrar y en toda su vida. En efecto, retomando las palabras del cardenalJoseph Ratzinger: “En la manera de tratar la liturgia es donde se decide el destino de la Fe y de la Iglesia”.
Paix Liturgique

jueves, 19 de abril de 2012

Esplendor de la Liturgia en Piacenza, Italia




El pasado 15 de abril, Mons. Gianni Ambrosio, Obispo de Piacenza-Bobbio, celebró una Santa Misa Novus Ordo en la Catedral de Piacenza, Italia. Destacamos el uso de ornamentos tradicionales.

Misa Tradicional en el Cerro de los Ángeles, Getafe, Madrid

 
Nos alegra dinfundir noticia de la que se hace eco Roma Aeterna (Una Voce),  de la celebración de la Santa Misa con la Forma Extraordinaria del Rito Romano en el Santuario del Cerro de los Ángeles, Madrid, diócesis de Getafe.

El sacro evento está previsto para el miércoles 30 de mayo próximo, a la 12 horas delmediodía, y ha sido organizado por la Unión Mundial de Sacerdotes, Religiosos y Seglares Ministri Dei.

Tendrán lugar los siguientes actos:

Santa Misa.

Consagración de Ministri Dei al Sagrado Corazón de Jesús.

Renovación de la consagración de España (indulgencia plenaria a los participantes en este acto).

Consagración personal.

No es necesario insistir en lo importante y conveniente de que quienes puedan, asistan. Es más necesario que nunca en estos tiempos problemáticos recurrir al Sagrado Corazón de Jesús, y nada mejor que a través de la Santa Misa y con la consagración personal.

VII Aniversario de la Elección Pontificia de Benedicto XVI

 
19 de abril 2005 - 19 de abril 2012
Séptimo Aniversario de la Elección al Solio Pontificio de Benedicto XVI


Oremus pro Pontifice nostro Benedicto

Dominus conservet eum et vivificet eum 
et  beatum faciat eum in terra 
et non tradat eum in animam inimicorum eius.

miércoles, 18 de abril de 2012

Esplendor de la Liturgia en Concesa, Italia





El pasado 21 de marzo, miércoles de la IV semana de Cuaresma, Mons. Athanasius Schneider,
Obispo Auxiliar de Astana, Kazajistán,  y secretario general de la Conferencia Episcopal de Kazajistán, celebró una Santa Misa Novus Ordo, ad Orientem, en el Santuario de la Divina Materdindad, de los PP. Carmelitas Descalzos, en Concesa di Trezzo sull'Adda, Milán, Italia.

Santuario de la Divina Maternidad

Comunicados Roma/FSSPX


Comunicado de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei:
El 17 de abril de 2012 ha llegado el texto de la respuesta de Su Excelencia Mons. Bernard Fellay, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que fue requerido en el encuentro del 16 de marzo de 2012 celebrado en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Dicho texto será examinado por el Dicasterio y, seguidamente, sometido al juicio del Santo Padre.
Declaraciones del padre Lombardi a Radio Vaticano:
La noticia de hoy es que ayer la respuesta de Mons. Fellay, que había sido solicitada por el cardenal Levada en el último encuentro ha llegado a la Congregación, a la Comisión Ecclesia Dei, a la Congregación para la Doctrina de fe. Así que esta respuesta es una respuesta que, según el testimonio de quienes han podido verla, es una respuesta muy diferente a la precedente y es alentadora, ha sido un paso adelante. Pero, naturalmente, también hay en respuesta la adición de aquellas precisiones o adiciones al texto del preámbulo doctrinal que había sido propuesto por la Congregación para un acuerdo doctrinal y esta respuesta será discutida, será examinada, sobre todo por la Congregación para la Doctrina de la Fe, en una de las reuniones de la próximas semanas y después, naturalmente también será examinada por el Papa. Uno puede decir que se han hecho algunos pasos hacia adelante, es decir, la respuesta, la nueva respuesta es bastante alentadora, pero todavía hay que profundizar y examinar y ver las decisiones a tomar en las próximas semanas. Creo que no tenemos que esperar mucho [tiempo] porque deseamos llegar a las conclusiones en estas discusiones, en estos contactos.
Comunicado de la Casa General de la Fraternidad de San Pío X: 
La prensa anuncia que Mons. Bernard Fellay ha enviado una “respuesta positiva” a la Congregación para la Doctrina de la Fe, y que en consecuencia la cuestión doctrinal entre la Santa Sede y la Fraternidad San Pío X ha sido resuelta. La realidad es otra.
En una carta del 17 de Abril de 2012, el Superior General de la Fraternidad San Pío X ha respondido al pedido de clarificación que le había hecho el 16 de Marzo el cardenal William Levada, acerca del Preámbulo Doctrinal remitido el 14 de Septiembre de 2011. Como lo indica el comunicado de prensa de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, con fecha de hoy, el texto de esta respuesta “será examinado por el Dicasterio (Congregación para la Doctrina de la Fe) y, seguidamente, sometido al juicio del Santo Padre”.
Esta es entonces, una etapa y no una conclusión.
Menzingen, 18 de Abril de 2012.

Traducciones de Secretum meum mihi

La FSSPX dice que sí

 
La respuesta de Monseñor Bernard Fellay, Obispo y Superior de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, ya ha llegado al Vaticano y es afirmativa, según informan diversas fuentes, entre ellas el vaticanista Andrea Tornielli. El preámbulo que proponía la Santa Sede ha sido aceptado y firmado, con algunas variantes mínimas. Esperamos que en breve se produzca una confirmación oficial a la noticia.

¡Alabado sea Jesucristo!

Rorate Caeli
La cigüeña de la torre
Acción Litúrgica