jueves, 23 de febrero de 2012

Hermandad de las Penas de Málaga y la Forma Extraordinaria

 
Si en fecha reciente fue la Hermandad del Huerto la que ofició una Misa con el Misal del Beato Juan XXIII, es ahora la Hermandad del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de las Penas, la que celebrará uno de los días del Quinario a su titular, el Cristo de la Agonía, con la Forma Extraordinaria del Rito Romano.

La Misa tendrá lugar el próximo miércoles 29 de febrero a las 20,30 horas, en el Oratorio de la Hermandad, ubicado en la calle Pozos Dulces, en Málaga capital. El oficiante será el reverendo don Federico Cortés Jiménez, Párroco de los Santos Mártires Ciriaco y Paula y director espiritual de la hermandad.

Nuestra enhorabuena  a la Hermanda de las Penas.

Misa Mozárabe en Bolonia


 
El pasado día 19 de febrero el Arzobispo de Toledo y Primado de España, Monseñor don Braulio Rodríguez Plaza, celebró la Santa Misa en el “Real Colegio Mayor de San Clemente de los Españoles” de Bolonia, Italia, dado que él, junto a S.M. el Rey de España, es uno de los Patronos de este Real Colegio, fundado por el también Arzobispo de Toledo, el Cardenal don Gil de Albornoz en 1364; siendo, en la actualidad, una institución única ya que es el único colegio universitario medieval que, tras más de 600 años, subsiste en la Europa continental.

Acompañado por el Excmo. Sr. D. José Guillermo García Valdecasas, Rector de este Real Colegio, el Sr. Arzobispo realizó una visita a esta Institución y celebró la Santa Misa en Rito Hispano-Mozárabe en su Capilla.


Esplendor de la Liturgia Pontificia





 
Como es tradición el Santo Padre ha oficiado la Santa Misa Novus Ordo y la imposición de la ceniza en la Basílica de Santa Sabina de Roma. Como es habitual el Papa usó ornamentos tradicionales.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Miércoles de Ceniza

François Marius Granet, Imposición de ceniza en una iglesia de Roma, 1844
 
"Meménto, homo, quia pulvis es, et in pùlverem revertéris."

Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2012



«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras»

(Hb 10, 24)


Queridos hermanos y hermanas

La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.

Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de laCarta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza valiosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.

1. "Fijémonos": la responsabilidad para con el hermano.

El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse ajenos, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado recíproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. Enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).

La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico Epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf.Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.

El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein— es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.

2. "Los unos en los otros": el don de la reciprocidad.

Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.

Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).

3. "Para estímulo de la caridad y las buenas obras": caminar juntos en la santidad.

Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.

Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).

Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 3 de noviembre de 2011

lunes, 20 de febrero de 2012

Esplendor de la Liturgia en Córdoba, España





El pasado 17 de febrero, Mons. Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba celebró una Santa Misa, Novus Ordo, en la que instituyó nueve nuevos lectores y acólitos, en el Seminario de San Pelagio de Córdoba, España.

Destacamos el uso de ornamentos tradicionales, la dalmática pontifical, el antipendio del altar, así como la disposición del mismo según la catequesis papal, con cruz central.

Diócesis de Córdoba

Siete Domingos al Patriarca San José


TERCER DOMINGO

Dolor: cuando la sangre del niño Salvador fue derramada en su circuncisión.

Gozo: dado con el nombre de Jesús.


Oh ejecutor obedientísimo de las leyes divinas, glorioso San José: la sangre preciosísima que el Redentor Niño derramó en su circuncisión os traspasó el corazón; pero el nombre de Jesús que entonces se le impuso, os confortó y llenó de alegría.

Por este dolor y este gozo alcanzadnos el vivir alejados de todo pecado, a fin de expirar gozosos, con el santísimo nombre de Jesús en el corazón y en los labios.

Padrenuestro, Ave y Gloria.


LETANIAS DEL SEÑOR SAN JOSE

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo,ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa que eres un solo Dios,ten piedad de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros.
Señor San José,ruega por nosotros.
Insigne descendiente de David, ruega por nosotros.
Luz de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Esposo de la Madre de Dios, ruega por nosotros.
Casto guardián de la Virgen, ruega por nosotros.
Nutricio del Hijo de Dios, ruega por nosotros.
Solícito defensor de Cristo, ruega por nosotros.
Jefe de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.
José justísimo, ruega por nosotros.
José prudentísimo, ruega por nosotros.
José fortísimo, ruega por nosotros.
Espejo de paciencia, ruega por nostros.
Amante de la pobreza, ruega por nosotros.
Modelo de los pobres, ruega por nosotros.
Honor de la vida doméstica, ruega por nosotros.
Custodio de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Sostén de las familias, ruega por nosotros.
Consuelo de los atribulados, ruega por nosotros.
Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.
Patrón de los moribundos, ruega por nosotros.
Terror de los demonios, ruega por nosotros.
Protector de la Santa Iglesia, ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, óyenos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.
V. Le constituye señor de su casa
R. Y príncipe de toda su posesión


OREMOS

¡Oh Dios, que en tu inefable providencia te has dignado elegir al Señor San José, esposo de la santísima Madre de tu Hijo y padre putativo de Jesús! Concédenos, te suplicamos, que al que veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerlo por intercesor en los cielos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 17 de febrero de 2012

Jesuitas: tradición y cultura

 
En fecha reciente la Universidad jesuíta de Georgetown, en Washington, Estados Unidos, celebró una semana cultural con el nombre de Jesuit Heritage Week, que incluía una serie de actos relacionados con la espiritualidad y la historia de la Compañía de Jesús. Aspectos teológicos, misioneros, iconográficos, musicales. Uno de los actos estudió la relación entre la Misa tradicional y la espiritualidad ignaciana, e incluyó la celebración de la Santa Misa con la Forma Extraordinaria del Rito Romano, en la fiesta de San Juan de Brito, jesuíta misionero y mártir en el siglo XVII. El oficiante fue el padre Stephen Fields, SJ.

miércoles, 15 de febrero de 2012

San Juan Bautista de la Concepción, Reformador de la Orden Trinitaria


Hoy en la fiesta del copatrono de nuestra Diócesis Prioral de Ciudad Real, Santo reformador de la Orden Trinitaria, nacido en Almodóvar del Campo, Ciudad Real, santo que se distinguió por la pobreza de su vida, quiero traer este fragmento de sus escritos, en que habla del decoro y ornato en las Iglesias y el culto divino, y de la falta de pobreza de los sacerdotes en sus personas, y la miseria en la que tienen sus iglesias. Está claro que es de plena actualidad, no pocos sacerdotes celebran indignamente con objetos vulgares y sin decoro, y malgastan su dinero en su lujo personal, ya no en caballos y caza como refiere el santo, si en comilonas, vestidos seculares, cochazos, tecnologías de ultimísima generación, etc... Una bellísima reflexion para los que denostan el culto divino y viven en la opulencia del pecado.


"[...] Uno de aquellos señores oidores y dio por razón que las iglesias de los frailes estaban ricas y adornadas y las parroquias pobres y desnudas, dando a entender que se iban allá las limosnas, o qué sé yo. A quien yo respondí: Señor, ésa eseficacíssima razón para darnos licencia, porque en nuestras iglesias tratemos a Dios con reverencia, porque los señores clérigos las rentas que tienen las han menester para comer, beber, vestir criados y mula; que si ellos ahorraran eso y profesaran la vida pobre y desnuda del fraile descalzo, es certíssimo tuvieran sus iglesias muy bien adornadas, particularmente el día de hoy, que nunca tanto precio y valer tuvieron sus rentas, beneficios ycapellanías. Veo por mis peccados que, si sus rentas suben, sus gastos y profanidades corren y por ricos que estén no les alcanza la sal al agua. 

¿Cómo han de vestir los altares y proveer sus sacristías? Y si por ahí anda Dios menoscabado, haya conventos de frailes que tienen puesto sus gustos y recreaciones en el adorno de sus iglesias; en ellas, en los altares y en el Sanctíssimo Sacramento, tienen puesto su descanso, sus cuidados y pensamientos; y cuando esto no está como desean y quieren, están inquietos y perturbados.

Yo no entiendo esto que ahora diré: que haya un monasterio de frailes con quinientos ducados de renta y se sustenten veinte o treinta religiosos y tengan su iglesia hecha un paraíso y retrato del cielo, y que tenga un cura mill ducados de renta y él muera de hambre y su iglesia esté hecha pajar o como choza de viñadero en viña vendimiada. No sé qué decir a esto, sino aquello que comúnmente dicen a los sacerdotes que malgastan los bienes eclesiásticos: que siendo bienes y haciendas ofrecidos por peccados y delitos que los hombres hicieron y cometieron, son como los retraídos: que en tanto están seguros en cuanto no salen de sagrado, porque en saliendo de ahí la justicia les echa mano y los prende. Así son los bienes, haciendas y rentas de los eclesiásticos: que en tanto están libres y seguros en cuanto se gastan en las iglesias y servicio del culto divino; y en saliendo fuera, haciendo sus empleos en juegos, recreaciones, comidas, vestidos, mayorazgos o ventoleras, el viento se lo lleva todo y la justiciaDios le echa mano y lo embarga para que no lo goce quien con tanta libertad y poco miramiento gasta los bienes de los difuntos, que ellos con lágrimas y dolor ofrecieron en sus muertes para aplacar a Dios por las ofensas que hicieron. Vean qué sentirán estas tales almasvean las haciendas que ellas ganaron con trabajo y afán y con gusto las ofrecieron para el servicio de las iglesias y altares, cuando las vean emplear en caballo y galgo para ir a caza, en diferencias de vestidos y juegos sirviendo a la vanidad".

De las Obras completas de San Juan Bautista de la Concepción

Santos Faustino y Jovita, hermanos y mártires


Deus, qui nos annua sanctorum Martyrum tuorum Faustini et Iovitae
 solemnitate laetificas: concede propitius; 
ut, quorum gaudemus meritis, accendamur exemplis. 
Per Dominum nostrum Iesum Christum,
 qui Tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, 
Deus, Per omnia saecula saeculorum. 
Amen