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lunes, 8 de septiembre de 2014

Peregrinación a Roma Summorum Pontificum


Programa completo de la peregrinación tradicional que se realizará del jueves 23 al domingo 26 de octubre (algunos datos están aún por confirmar):
  • Jueves 23 de octubre, 19:45 horas: Recepción de los peregrinos y vísperas solemnes presididas por su Excelencia Mons. Guido Pozzo, secretario de la Comisión Ecclesia Dei, en la iglesia SantísimaTrinidad de los Peregrinos.
  • Viernes 24 de octubre, 9 horas: Rosario por los niños por nacer en la basílica San Agustín. A continuación, visitas culturales y espirituales libres o grupales.
  •  Viernes 24 de octubre, 11 horas: Encuentro sacerdotal (para el clero)
  • Viernes 24 de octubre, 15 horas: Vía Crucis en el Palatino
  •  Viernes 24 de octubre, 18:30 horas: Misa Pontifical en la Santísima Trinidad de los Peregrinos celebrada por Su Eminencia el  Cardenal Pell, prefecto de la Secretaría de Economía de la Santa Sede, con motivo de los diez años de la federación Juventutem.
  •  Sábado 25 de octubre, a partir de las 9:30 horas: Adoración Eucarística (iglesia por confirmar), seguida de la procesión hacia la Basílica de San Pedro
  • Sábado 25 de octubre, a mediodía: Misa Pontifical celebrada por el Su Eminencia el Cardenal Raymond Leo Burke en la basílica de San Pedro (altar de la Cátedra).
  •  Domingo 26 de octubre, 8 horas: Salida en bus para Nursia (25 € por persona, en breve se podrán efectuar las reservas)
  •  Domingo 26 de octubre, 11:30 horas: Misa solemne por la solemnidad de Cristo Rey, celebrada por el R.P. Folsom, O.S.B., prior de la abadía, en presencia del cardenal Brandmüller, quien pronunciará la homilía, y almuerzo con los monjes.
  •  Domingo 26 de octubre, 15 horas: Regreso a Roma (llegada prevista para las 17:30 horas).
(Para los peregrinos que se queden en Roma, Misa Pontifical en la Santísima Trinidad de los Peregrinos a las 11 horas, celebrada por Mons. François Bacqué, nuncio apostólico, arzobispo titular de Gradisca; en el seminario del Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote también habrá una misa solemne, celebrada por monseñor Wach).

sábado, 15 de septiembre de 2012

Obispo de Córdoba celebra la Santa Misa Prelaticia





Ayer, Solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz, Mons. Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba, celebró la Santa Misa Prelaticia con la Forma Extraordinaria del Rito Romano, en la iglesia de Santa Ana, de MM. Carmelitas Descalzas, Córdoba, España, en acción de gracias por el V Aniversario de la entrada en vigor del Motu Proprio Summorum Pontificum de SS Benedicto XVI, organizada por la asociación de Una Voce Córdoba. No es la primera vez que Mons. Demetrio Fernández celebra la Santa Misa Tradicional, ya lo hizo el pasado año en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. Así pues, por esto, por su sana doctrina y su ejemplo fiel al Papa y a la Iglesia, es uno de los mejores obispos de nuestra Patria.

Una Voce Córdoba

V Aniversario de Summorum Pontificum


El 14 de septiembre celebramos el V Aniversario de la entrada en vigor del Motu Proprio Summorum Pontificum, del Santo Padre Benedicto XVI. Agradecemos la solicitud pastoral del Sumo Pontífice, que Dios lo guarde, benida y conserve, para el bien de la Iglesia. Que el Motu Proprio siga dando copiosos frutos. 

Laus Deo!

domingo, 8 de julio de 2012

Cardenal Burke habla sobre Summorum Pontificum


El 7 de julio de 2007 Benedicto XVI promulgó el motu proprio Summorum Pontificum, que liberalizaba la Misa Tradicional en toda la Iglesia, y cinco años después Su Eminencia el  Cardenal Raymond Burke, antiguo arzobispo de St Louis y hoy prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, ha salido en distintos medios explicando el sentido y futuro de la generalización de la llamada forma extraordinaria del rito romano.

La agencia Catholic News Service en inglés, y la revista Famille Chretiènne en francés, recogen sendas entrevistas del purpurado donde lamenta las reticencias a la aplicación del motu proprio: "Es evidente que quedan lugares donde se resiste a lo que el Papa ha pedido, y eso es triste" y "dañino para la Iglesia".

La riqueza de la liturgia

Summorum Pontificum no tuvo sólo como finalidad atraer a los grupos católicos tradicionalistas, explica, sino "preservar las riquezas de fe y oración que ha transmitido la Iglesia y otorgarles su lugar apropiado". El mismo Benedicto XVI señalaba en el motu proprio: "Lo que las generaciones pasadas consideraban sagrado es sagrado también para nosotros, y no puede prohibirse de golpe totalmente o incluso considerarse perjudicial".

Según el cardenal Burke, la reforma litúrgica postconciliar fue "demasiado radical" y fue "más allá de lo que habían planteados los padres conciliares, o incluso quizá en una no completa coherencia con ello": "En mi opinión, el cambio fue excesivo. No puedes coger una realidad viva, el culto a Dios tal y como Dios ha querido que se le rinda culto, y acabar con ella sin violentar y en algunos casos dañar la fe del pueblo".

Experiencia personal


Durante la entrevista a CNS, Burke da a entender que celebra en privado la misa tradicional (también llamada de San Pío V) y desvela su percepción de lo que la gente percibe cuando asiste a ella: "En mis propias celebraciones públicas me encuentro con que muchas personas que jamás habían asistido a ellas se sienten atraídas por su belleza". Y destaca que la forma extraordinaria del rito romano "transmite de forma particularmente clara que es Cristo mismo quien actúa, renovando el sacrificio del Calvario".

El papel de la Penitenciaría Apostólica

Uno de los puntos más relevantes de las entrevistas concedidas estos días (guiño a unos y aviso a navegantes para otros) es la reivindicación que hace el cardenal de su papel en la aplicación de Summorum Pontificum: "Todo recurso sobre la aplicación del motu proprio debe dirigirse en primer lugar a la comisión pontificiM Ecclesia Dei. Si una de las partes no está satisfecha con la decisión, llega a nosotros. Pero nuestro juicio será limitado, porque trataremos la cuestión en un marco estrictamente jurídico. Estudiaremos si se ha violado el derecho canónico, ya sea en el proceso, en la decisión, o en el contenido mismo de la decisión", afirma en Famille Chretiènne.

Los jóvenes y los buenos frutos

Burke advierte "un interés y un aprecio cada vez mayor por la forma extraordinaria del rito romano en los fieles en general y en los jóvenes católicos en particular", y confía en que llegue pronto la instrucción que establecerá en la práctica todos los detalles concretos de su aplicación, a la luz de las dificultades aparecidas en estos cinco años.

"En cuanto me atañe personalmente, la aplicación del motu proprio me ha permitido agrandar y profundizar en el conocimiento y amor a la santa liturgia, expresión elevadísima de la fe y de la vida de la Iglesia. Soy testigo personal de los buenos frutos de esta nueva disciplina", concluye.

Religión en Libertad

sábado, 21 de abril de 2012

III Encuentro Summorum Pontificum en Brasil


Nos informan de la celebración el próximo mes de septiembre del III Encuentro Sacerdotal Summorum Pontificum en Salvador de Bahía, Brasil. Este año como novedad respecto de los años anteriores, no sólo irá enfocado a la formación de los sacerdotes sino que también fomentará la capacitación de los fieles.

Entre los ponentes destaca la asistencia de varios obispos de Brasil así como Mons. Nicola Bux, Consultor de las Congregaciones para la Doctrina de la Fe, del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos y del Ofício de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.

viernes, 20 de abril de 2012

Mons. Schneider sobre la Sagrada Liturgia


El 15 de enero de 2012, la asociación parisina Réunichatho, que nació apenas publicado el motu proprio Summorum Pontificum, organizó el cuarto encuentro por la unidad católica. Reproducimos a continuación, en su versión completa, el texto de la intervención del invitado de honor de esa jornada, Mons. Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de Santa María de Astana, Secretario de la Conferencia Episcopal de Kazajistán, y gran promotor de la comunión en la boca, sobre el tema “La Forma Extraordinaria y la Nueva Evangelización”.

(Los subtítulos son de la redacción)
***

I – Dirigir nuestra mirada hacia Cristo

Para hablar correctamente de la nueva evangelización, es indispensable dirigir primero nuestra mirada hacia Aquél que es el verdadero Evangelizador, es decir, Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, el Verbo de Dios hecho Hombre. El Hijo de Dios vino a esta tierra para expiar y redimir el pecado mayor, el pecado por excelencia. Y este pecado por excelencia de la humanidad consiste en el rechazo de adorar a Dios, en el rechazo de dejarle el primer lugar, el lugar de honor. Este pecado de los hombres consiste en no prestar atención a Dios, en ya no tener el sentido de las cosas, o sea, de los detalles que tienen que ver con Dios y la adoración que se le debe, en no querer ver a Dios, en no querer arrodillarse ante Dios.

Frente a semejante actitud, la Encarnación de Dios es molesta, y de rebote, también molesta la presencia real de Dios en el misterio eucarístico, molesta la centralidad de la presencia eucarística de Dios en las iglesias. El hombre pecador quiere, en efecto, ponerse en el centro, tanto dentro de la iglesia como durante la celebración eucarística, quiere ser visto, quiere ser notado. Por esta razón se prefiere colocar a Jesús Eucaristía, Dios Encarnado, presente en el tabernáculo bajo la forma eucarística, al costado. Incluso la representación del Crucificado en la Cruz en medio del altar durante la celebración resulta molesta, porque el rostro del sacerdote se vería oculto. Así pues, tanto la imagen del Crucificado en el centro del altar como Jesús Eucaristía en el tabernáculo son molestos. En consecuencia, la cruz y el tabernáculo se desplazan al costado. Durante el oficio, los asistentes deben poder observar todo el tiempo la cara del sacerdote, y éste sentir agrado en ponerse literalmente todo el tiempo en el centro de la casa de Dios. Y si por casualidad, Jesús Eucaristía, a pesar de todo, está en tabernáculo en el centro del altar, debido a que el ministerio de monumentos históricos, incluso en un régimen ateo, prohibió por razones artísticas de conservación del patrimonio que se lo desplazara, el sacerdote, muchas veces, le da la espalda sin escrúpulos a lo largo de la celebración.

Cuántas veces los sencillos adoradores de Cristo, en su simplicidad y humildad, habrán exclamado: “¡Benditos sean, Monumentos históricos! Nos dejaron por lo menos a Jesús en el centro de nuestra iglesia.”


II – La misa, dar gloria a Dios y no a los hombres

Sólo a partir de la adoración y la glorificación de Dios la Iglesia puede anunciar de manera adecuada la palabra de verdad, es decir, evangelizar. Antes de que el mundo oyera a Jesús, el Verbo Eterno hecho carne, predicar y anunciar el reino, Jesús se calló y adoró durante treinta años. Ésta es la norma para siempre en la vida y la acción de la Iglesia como de todos los evangelizadores. “En la manera de tratar la liturgia es donde se decide el destino de la Fe y de la Iglesia”, dijo el cardenal Ratzinger, nuestro actual Papa, Benedicto XVI. El Concilio Vaticano II quiso recordar a la Iglesia cuál era la realidad y cuál la acción que debían tener primacía en su vida. Por tal motivo, el primer documento conciliar estaba consagrado a la liturgia. Con ello, el concilio nos da los siguientes principios: En la Iglesia, y por lo tanto en la liturgia, lo humano debe orientarse hacia lo divino y estarle subordinado, así como lo visible con relación a lo invisible, la acción respecto de la contemplación, y el presente con respecto a la ciudad futura, a la cual aspiramos (cfr. Sacrosantum Concilium, 2). Según las enseñanzas del Vaticano II, nuestra liturgia terrena es como un anticipo de la liturgia celestial de la ciudad santa de Jerusalén (cfr. ídem, 2).

Por lo tanto, todo en la liturgia de la Santa Misa debe servir para expresar de la forma más diáfana la realidad del sacrificio de Cristo, es decir, las oraciones de adoración, de acción de gracias, de expiación, de súplica, que el eterno Sumo Sacerdote ha presentado a Su Padre.

El rito y todos los detalles del Santo Sacrificio de la misa deben tener como eje la glorificación y la adoración de Dios, con insistencia en la centralidad de la presencia de Cristo, ya sea en el signo y en la representación del Crucificado, ya en Su presencia eucarística en el tabernáculo, y sobre todo, en el momento de la consagración y de la santa comunión. Cuanto más se respete esto, menos se pondrá al hombre en el centro de la celebración, menos se parecerá la celebración a un círculo cerrado; al contrario, estará abierta, incluso de una manera externa, hacia Cristo, como en una procesión que se dirige hacia Él con el sacerdote a su cabeza, y tal celebración eucarística reflejará de modo verdadero el sacrificio de adoración de Cristo en cruz, más ricos serán los frutos que recibirán los participantes en su alma, provenientes de la glorificación de Dios, más los honrará Dios.

En la medida en que el sacerdote y los fieles busquen verdaderamente en las celebraciones eucarísticas la gloria de Dios y no la gloria de los hombres, ni busquen recibir la gloria unos de otros, más los honrará Dios, dejando participar su alma de manera más intensa y fértil en la Gloria y en el Honor de su Vida divina.

Actualmente y en diversos lugares de la tierra, muchas son las celebraciones de la Santa Misa a cuyo propósito se podrían decir las siguientes palabras, invirtiendo las palabras del salmo 113, versículo 9: “A nosotros, oh Señor, y a nuestro nombre da la gloria”, y también, a propósito de tales celebraciones, se aplican las palabras de Jesús: “¿Cómo podéis vosotros creer, cuando tomáis la gloria los unos de los otros? Y no buscáis la gloria que viene del Dios único”. (Juan, 5,44).


III – Los seis principios de la reforma litúrgica

El Concilio Vaticano II emitió, con respecto a una reforma litúrgica, los siguientes principios:
1. Lo humano, lo temporal, la actividad deben, durante la celebración litúrgica, orientarse a lo divino, lo eterno, la contemplación, y tener un papel subordinado con relación a estos últimos (cfr. Sacrosantum Concilium, 2).
2. Durante la celebración litúrgica, se deberá estimular la toma de conciencia con relación al hecho de que la liturgia terrestre participa de la liturgia celestial (cfr. Sacrosantum Concilium, 8).
3. No debe haber, pues, absolutamente ninguna innovación, ninguna creación nueva de los ritos litúrgicos, en particular, en el rito de la misa, a menos de que se siga un provecho verdadero y cierto en beneficio de la Iglesia y con la condición de proceder con prudencia y de que, eventualmente, las formas nuevas reemplacen las existentes de manera orgánica (cfr.Sacrosantum Concilium, 23).
4. Los ritos de la misa deben ser tales que lo sagrado se vea expresado más explícitamente (cfr.Sacrosantum Concilium, 21).
5. El latín debe ser conservado en la liturgia y sobre todo en la Santa Misa (cfr. Sacrosantum Concilium, 36 y 54).
6. El canto gregoriano ocupa el primer lugar en la liturgia (cfr. Sacrosantum Concilium, 116).

Los Padres conciliares veían sus proposiciones de reforma como una continuación de la reforma de Pío X (cfr. Sacrosantum Concilium, 112 y 117) y del siervo de Dios Pío XII, y de hecho, la encíclica más citada en la constitución litúrgica es la Mediator Dei del papa Pío XII.

El papa Pío XII ha dejado a la Iglesia, entre otros, un principio importante de la doctrina sobre la Santa Liturgia, a saber, la condenación de lo que se llama el arqueologismo litúrgico, cuyas propuestas coincidían en gran medida con las del sínodo jansenista y protestantizante de Pistoya de 1786 (cf. Mediator Dei, nº 63-64) y que, de hecho, recuerdan el pensamiento teológico de Martín Lutero.

Por ello, ya el Concilio de Trento había condenado las ideas litúrgicas protestantes, sobre todo, el acento exagerado en la noción de banquete en la celebración eucarística en detrimento del carácter sacrificial, la supresión de signos unívocos de sacralidad como expresión del misterio de la liturgia (cfr. Concilio de Trento, sesión XXII).

Las declaraciones litúrgicas doctrinales del magisterio, como en este caso las del Concilio de Trento y la encíclica Mediator Dei, reflejadas en una praxis litúrgica secular más que milenaria, constante y universal, estas declaraciones, pues, hacen parte de ese elemento de la santa tradición que no puede abandonarse sin grandes daños en el plano espiritual. El Vaticano II retomó estas declaraciones doctrinales sobre la liturgia, como puede constatarse leyendo los principios generales del culto divino en la constitución litúrgica Sacrosantum Concilium.

Como error concreto en el pensamiento y en el actuar del arqueologismo litúrgico, el papa Pío XII cita la proposición de dar al altar la forma de una mesa (cfr. Mediator Dei nº 62). Si ya el Papa Pío XII rechazaba el altar en forma de mesa, ¡es de imaginar cómo habría rechazado, a fortiori, la propuesta de una celebración como si fuera alrededor de una mesa “versus populum”!

Cuando en el número 2, Sacrosantum Concilium enseña que en la liturgia se debe dar la prioridad a la contemplación y que toda celebración de la misa debe estar orientada hacia los misterios celestiales (cfr.i nº 2 y nº 8), se hace eco fiel de la siguiente declaración del Concilio de Trento: “Dado que la naturaleza del hombre está hecha de tal manera que no se deja elevar fácilmente a la contemplación de las cosas divinas sin ayudas externas, la Madre Iglesia, en su benevolencia, ha introducido ritos precisos; ha recurrido, apoyada en la enseñanza apostólica y en la tradición, a ceremonias tales como bendiciones llenas de misterio, velas, incienso, vestimentas litúrgicas y muchas otras cosas; todo esto debería incitar en los espíritus de los fieles, gracias a signos visibles de la religión y la piedad, la contemplación de las cosas sublimes” (sessio XXII, cap. 5).

Sin duda alguna, los Padres conciliares reconocieron como plenamente válidas las enseñanzas citadas del magisterio de la Iglesia y sobre todo la de Mediator Dei; en consecuencia, aún hoy deben ser plenamente válidas para todos los hijos de la Iglesia.


IV – Las cinco llagas del cuerpo místico litúrgico de Cristo


En la carta enviada a todos los obispos de la Iglesia Católica que Benedicto XVI adjuntó al Motu Proprio Summorum Pontificum del 7 de julio de 2007, el papa hace esta declaración importante: “En la historia de la liturgia, hay crecimiento y progreso, pero no ruptura. Lo que fue sagrado para las generaciones pasadas, debe seguir siendo sagrado y grande para nosotros”. Al decir esto, el papa expresa el principio fundamental de la liturgia enseñado por el Concilio de Trento, el papa Pío XII y el Concilio Vaticano II.

Si se observa, sin ideas preconcebidas y de modo objetivo, la práctica litúrgica de la aplastante mayoría de las iglesias en todo el mundo católico donde la forma ordinaria del rito romano está en uso, nadie puede negar, con honestidad, que los seis principios litúrgicos mencionados por el Concilio Vaticano II no son respetados o en todo caso, lo son muy poco, aunque se declare erróneamente que esta práctica de la liturgia fue deseada por el Vaticano II. Existen un cierto número de aspectos concretos en la práctica de la liturgia dominante actual, en el rito ordinario, que representan una ruptura visible con una práctica litúrgica constante desde hace más de un milenario. Se trata de los cinco usos litúrgicos siguientes, que podemos designar como las cinco llagas del cuerpo místico litúrgico de Cristo. Se trata de llagas, pues representan una ruptura violenta con el pasado, porque ponen menos el acento en el carácter sacrificial que es, sin embargo, el carácter central y esencial de la misa, y en cambio, ponen el acento en el banquete; todo esto disminuye los signos externos de adoración divina, ya que ponen menos de relieve el carácter de misterio en aquello que tiene de celestial y eterno.

Con relación a estas cinco llagas, se trata de cosas –con excepción de una (las nuevas oraciones del ofertorio)– que no están previstas en la forma ordinaria del rito de la misa, sino que fueron introducidas deplorablemente en la práctica.

A) La primera llaga, y la más evidente, es la celebración del sacrificio de la misa en que el sacerdote celebra con la cara vuelta hacia los fieles, en particular durante la oración eucarística y la consagración, el momento más alto y sagrado de la adoración debida a Dios. Por su propia naturaleza, esta forma exterior corresponde más bien a la manera en que se da una clase o se comparte una comida. Estamos en presencia de un círculo cerrado. Y este modo no es conforme, en absoluto, al momento de la oración y menos aún al de la adoración. Ahora bien, el Vaticano II no deseó para nada esta forma, y nunca fue recomendada por el magisterio de los papas posconciliares. El Papa Benedicto XVI escribe en el prefacio al primer tomo de sus obras completas: “La idea de que el sacerdote y la asamblea deban mirarse durante la oración nació entre los modernos y es totalmente ajena a la cristiandad tradicional. El sacerdote y la asamblea no se dirigen mutuamente una oración, es al Señor a quien se dirigen. Por ello en la oración, miran en la misma dirección: o bien al este, como símbolo cósmico de la vuelta del Señor, o allí donde esto no es posible, hacia una imagen de Cristo situada en el ábside, hacia una cruz o simplemente juntos hacia lo alto”.

La forma de celebración donde todos dirigen su mirada en la misma dirección (conversi ad orientem, ad Crucem, ad Dominum) se encuentra incluso señalada en las rúbricas del nuevo rito de la misa (cfr. Ordo Missae, n. 25, n. 133 et n. 134). La celebración llamada “versus populum”, ciertamente, no corresponde a la idea de la Sagrada Liturgia tal como está mencionada en las declaraciones de Sacrosantum Concilium, nº 2 y nº 8.

B) La segunda llaga es la comunión en la mano, extendida prácticamente en todo el mundo. No sólo los Padres Conciliares del Vaticano II no evocaron en modo alguno esta manera de recibir la comunión, sino que fue introducida por cierto número de obispos en desobediencia a la Santa Sede e ignorando el voto negativo de 1968 emitido por la mayoría del cuerpo episcopal. Solamente más tarde, el Papa Pablo VI la legitimó bajo condiciones particulares y a disgusto.

El Papa Benedicto XVI, a partir de la fiesta de Corpus Christi de 2008, sólo distribuye la comunión a los fieles de rodillas y en la boca, y no sólo en Roma, sino también en todas las iglesias locales a las que visita. Así, da a toda la Iglesia un ejemplo claro de magisterio práctico en materia litúrgica. Si la mayoría calificada del cuerpo episcopal, tres años después del concilio, rechazó la comunión en la mano como algo perjudicial, ¡cuánto más lo habrían hecho los Padres conciliares!

C) La tercera llaga son las nuevas oraciones del ofertorio. Son una creación totalmente nueva y jamás estuvieron en uso en la Iglesia. Expresan menos la evocación del misterio del sacrificio de la cruz que la de un banquete y recuerdan las oraciones de la comida sabática judía. En la tradición más que milenaria de la Iglesia de Occidente y de Oriente, las oraciones del ofertorio siempre tuvieron como eje, de forma expresa, el misterio del sacrificio de la cruz (cfr. por ejemplo Paul Tirot, Historia de las oraciones del ofertorio en la liturgia romana del siglo VII al siglo XVI, Roma, 1985). Semejante creación, es absolutamente nueva y sin duda alguna está en contradicción con la formulación clara del Vaticano II que recuerda: “Innovationes ne fiant … novae formae ex formis iam exstantibus organice crescant” (Sacrosanctum Concilium, 23).

D) La cuarta llaga es la desaparición total del latín en la inmensa mayoría de las celebraciones eucarísticas de la forma ordinaria en la totalidad de los países católicos. Esa es una infracción directa contra las decisiones del Vaticano II.

E) La quinta llaga es el ejercicio de los ministerios litúrgicos de lector y de acólito por mujeres, así como el ejercicio de estos mismos ministerios con ropas civiles en el coro durante la Santa Misa, por fieles que acceden allí directamente desde el espacio reservado a estos últimos. Esta costumbre no ha existido jamás en la Iglesia, o al menos nunca fue bienvenida. Confiere a la celebración de la misa católica el carácter externo de algo informal, el carácter y el estilo de una asamblea más bien profana. El segundo concilio de Nicea prohibía, ya en 787, tales prácticas cuando dictaba el siguiente canon: “A quien no está ordenado, no le está permitido hacer la lectura desde el ambón durante la santa liturgia” (can. 14). Esta norma fue siempre respetada en la Iglesia. Sólo los subdiáconos o los diáconos tenían el derecho de hacer la lectura durante la liturgia de la Misa. En reemplazo de los lectores y acólitos faltantes, pueden hacerlo hombres o niños con hábitos litúrgicos, y no mujeres, dado que el sexo masculino, en el plano de la ordenación no sacramental de los lectores y acólitos, representa simbólicamente el último vínculo con las órdenes menores.

En los textos del Vaticano II no se hace ninguna mención de la supresión de las órdenes menores y del subdiaconado, ni de la introducción de nuevos ministerios. En Sacrosanctum Concilium n° 28, el concilio hace una diferencia entre “minister” y “fidelis” durante la celebración litúrgica y estipula que uno y otro sólo tienen el derecho de hacer lo que les corresponde según la naturaleza de la liturgia. El nº 29 menciona a los “ministrantes”, esto es, a los monaguillos que no recibieron ninguna ordenación. En oposición a éstos, estarían, según los términos jurídicos de la época, los “ministri”, o sea, aquéllos que recibieron una orden, ya sea mayor o menor.


V – El motu proprio para acabar con la ruptura litúrgica

Mediante el Motu Proprio Summorum Pontificum, el Papa Benedicto XVI estipula que las dos formas del rito romano deben ser consideradas y tratadas con el mismo respeto, porque la Iglesia sigue siendo la misma antes y después del Concilio. En la carta que acompaña el motu proprio, el papa anhela que las dos formas se enriquezcan mutuamente. Además, desea que en la nueva forma “aparezca, lo que no ha sido el caso hasta el presente, el sentido de lo sagrado que atrae a muchas personas hacia el rito antiguo”.

Las cuatro llagas litúrgicas o usos desafortunados (celebración versus populum, comunión en la mano, abandono total del latín y del canto gregoriano e intervención de las mujeres en los ministerios de la lectura y del acolitado) no tienen en sí nada que ver con la forma ordinaria de la misa y, además, están en contradicción con los principios litúrgicos del Vaticano II. Si se pusiera fin a estos usos, se volvería a la verdadera enseñanza litúrgica del Vaticano II. Y en ese caso, las dos formas del rito romano se aproximarían enormemente, de modo que, al menos externamente, no se habría de constatar la ruptura entre ambas, y por tanto, tampoco la ruptura entre la Iglesia de antes y después del concilio.

En cuanto a las nuevas oraciones del ofertorio, sería de desear que la Santa Sede las reemplazara por las oraciones correspondientes de la forma extraordinaria o, al menos, que permitiera su utilización ad libitum. Así no sólo se evitaría la ruptura entre las dos formas exteriormente, sino también interiormente. Si hay algo que la mayoría de los Padres conciliares no quiso, fue la ruptura en la liturgia; testimonio de ello son las actas del concilio, porque en los dos mil años de historia de la liturgia de la Santa Iglesia, jamás hubo ruptura litúrgica, y en consecuencia, no debe haberla jamás. En cambio, debe haber una continuidad, tal como conviene que sea en el ámbito del magisterio.

Las cinco llagas en el cuerpo litúrgico de la Iglesia evocadas aquí reclaman curación. Representan una ruptura comparable a la del exilio de Aviñón. La situación de una ruptura tan neta en una expresión de la vida de la Iglesia que lejos está de carecer de importancia, –antiguamente, la ausencia de los papas de la ciudad de Roma, hoy una ruptura visible entre la liturgia antes y después del concilio– esta situación reclama curación.

Por ello, hoy se necesitan nuevos santos, una o varias Santa Catalina de Siena. Se necesita la “vox populi fidelis” que reclamen la supresión de esta ruptura litúrgica. Pero lo trágico en la historia, es que hoy como ayer en el tiempo del exilio de Aviñón, una gran mayoría del clero, sobre todo del alto clero, está satisfecho con este exilio, con esta ruptura.

Antes de que se puedan esperar frutos eficaces y duraderos de la nueva evangelización, es necesario que en el seno de la Iglesia se instaure un proceso de conversión. ¿Cómo se puede llamar a los otros a convertirse si, entre los que llaman, no ha habido ninguna conversión convincente hacia Dios, porque, en la liturgia, no están suficientemente vueltos hacia Dios, tanto interior como exteriormente? El sacrificio de la misa, el sacrificio de adoración a Cristo, el mayor misterio de la fe, el acto de adoración más sublime, se celebra en un círculo cerrado, mirándose unos a otros.

Falta la “conversio ad Dominum” necesaria, incluso externamente, físicamente. Puesto que durante la liturgia, se trata a Cristo como si no fuera Dios y no se le manifiestan signos externos claros de una adoración debida a Dios solo, como cuando los fieles reciben la Santa Comunión de pie y, además, en la mano como un alimento ordinario, tomándola con los dedos y metiéndosela ellos mismos en la boca. Aquí hay un peligro de una especie de arrianismo o de semi-arrianismo eucarístico.

Una de las condiciones necesarias para una nueva evangelización fructuosa sería el siguiente testimonio de la Iglesia en el plano del culto litúrgico público, observando al menos estos dos aspectos del Culto divino, a saber:
1) Que en toda la tierra, la Santa Misa se celebre, incluso en la forma ordinaria, con una postura de “conversio ad Dominum” interior y también, necesariamente, exterior.
2) Que los fieles doblen la rodilla delante de Cristo en el momento de la Santa comunión, como San Pablo pide evocando el nombre y la persona de Cristo (cfr. Filip. 2, 10), y que Lo reciban con el mayor amor y el mayor respeto posibles, como le corresponde en tanto verdadero Dios.

Gracias a Dios, el papa Benedicto XVI ha comenzado el proceso de retorno del exilio de Aviñón, mediante dos medidas concretas que son el Motu proprio Summorum Pontificum y la reintroducción del rito de comunión tradicional.

Hacen falta aún muchas oraciones y tal vez una nueva Santa Catalina de Siena a fin de que se den los restantes pasos para curar las cinco llagas del cuerpo litúrgico y místico de la Iglesia y para que Dios sea venerado en la liturgia con ese amor, ese respeto, ese sentido de lo sublime que siempre fueron característicos de la Iglesia y su enseñanza, en particular, a través del Concilio de Trento, el papa Pío XII en su encíclica Mediator Dei, el concilio Vaticano II en su constitución Sacrosantum Concilium y el papa Benedicto XVI en su teología de la liturgia, en su magisterio litúrgico práctico y en el motu proprio antes citado.

Nadie puede evangelizar si primero no ha adorado, incluso si no adora permanentemente y no da a Dios, Cristo Eucaristía, una verdadera primacía en la forma de celebrar y en toda su vida. En efecto, retomando las palabras del cardenalJoseph Ratzinger: “En la manera de tratar la liturgia es donde se decide el destino de la Fe y de la Iglesia”.
Paix Liturgique

viernes, 30 de marzo de 2012

Obispo de Foligno asiste a la Forma Extraordinaria


Mons. Gualtiero Sigismondi, Obispo de Foligno, Italia, pidió a los Benedictinos de Norcia, celebrar una serie de Misas solemnes con la Forma Extraordinaria del Rito Romano,como parte de su iniciativa para exponer a los fieles de su diócesis la forma tradicional. Mons. Sigismondi usualmente asiste a misa en el coro, dando un testimonio personal de la importancia de este "Tesoro de la Iglesia". La Santa Misa se celebra una vez al mes en la antigua iglesia de Santa María infra Portas.

Un ejemplo de un joven obispo, que da fiel cumplimiento al Motu Proprio Summorum Pontificum de nuestro Papa Benedicto XVI.

Son ya 268 los Cardenales y Obispos que han celebrado o sistido a la Forma Extraordinaria del Rito Romano tras la la publicación de Summorum Pontificum.

Messa in Latino 

jueves, 22 de marzo de 2012

Entrevista a Mons. Le Galle, Arzobispo de Toulouse


Les ofrecemos una entrevista publicada en la web Paix Liturgique, al Arzobispo de Toulouse.  Sabemos que Mons. Le Gall fue detractor de la Misa Tradicional, y vemos positivo este cambio, que demuestra la obediencia al Santo Padre. Ojalá todos los obispos de la Iglesia siguiensen su proceder. Si bien no secundamos sus opiniones minimalistas sobre la Forma Extraordinaria, restando importancia al interés creciente de los jóvenes por la Misa de siempre. Es llamativo que ni los obispos tengan un concepto veraz de la participatio en la Santa Misa. Tocar las palmas, hacer el mono, y cosas semejantes no lo son... Por mucho que a Mons. Le Galle le gustase usar globitos y estupideces en sus misas.



Habiendo recibido muchos testimonios positivos de la misa según la forma extraordinaria del rito romano que celebró Mons. Le Gall, arzobispo de Toulouse, para los peregrinos de Juventutem durante la JMJ de Madrid, quisimos darle la palabra para que nos comentara esta experiencia. Ex abad de la abadía benedictina de Kergonan, el arzobispo de Toulouse presidió durante seis años la Comisión Episcopal para la Liturgia y la Pastoral sacramental de la Conferencia Episcopal de Francia. Su profundo hábito de la liturgia latina y gregoriana le permitió abordar con gran facilidad la liturgia extraordinaria.

Agradecemos vivamente a Mons. Le Gall la generosidad con que nos otorgó esta entrevista y sus palabras, de una gran franqueza y libertad, que sólo pueden orientarse hacia la paz y la reconciliación en la Iglesia.



1) Monseñor, en la JMJ usted celebró la forma extraordinaria del rito romano para los jóvenes del grupo Juventutem. Por lo que sabemos, es la primera vez que celebraba la liturgia tradicional en su carácter de arzobispo de Toulouse, ¿cómo vivió esta experiencia?

Mons. Le Gall: No soy totalmente ajeno a la liturgia tradicional. Hice mi primera profesión en Kergonan el 8 de diciembre de 1965, día de la clausura del Concilio Vaticano II. Por lo tanto, conocí y practiqué la liturgia tridentina, en su forma benedictina, antes de la reforma litúrgica.
Pero es cierto que este verano fue la primera vez que celebré la forma extraordinaria. Con la salvedad de que no fue en Madrid, sino en Donezan, el 30 de julio, donde conferí una ordenación sacerdotal y una ordenación diaconal. Este monasterio benedictino, surgido de Fontgombault, aunque situado en Ariège, no hace parte de mi provincia eclesiástica, sino de la diócesis vecina de Carcassonne y Narbonne. Y precisamente por invitación de Alain Planet, obispo de Carcassonne, fui a Donezan, comunidad que tuve ocasión de visitar por primera vez el año pasado. En una celebración benedictina era realmente importante que el celebrante pudiera cantar la liturgia.
Como es evidente, el pontifical según la forma extraordinaria requiere un mínimo de preparación y un ceremoniario atento, como fue en este caso. Por ello, cuando el cardenal Rylko, Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos y, a dicho título, principal organizador de la JMJ, me pidió que celebrara la forma extraordinaria para el grupo Juventutem, no tuve inconveniente en aceptar. 


2) En 2007, en un comunicado de la Comisión litúrgica de la CEF (Conferencia Episcopal de Francia), usted comentaba el motu proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI, diciendo que había que “acoger” la iniciativa del Santo Padre, “comprenderla y entrar en el sentido de lo que pide”. ¿Fue ésta la disposición con que respondió favorablemente a la invitación de Mons. Planet y del cardenal Rylko?

Mons. Le Gall: Sí, por supuesto. Desde que el Santo Padre tomó la decisión y publicó el motu proprio, que la instrucción Universae Ecclesiae consolidó, considero que es nuestro deber como obispos, orientarnos según su “mente”. Debemos comprender sus motivaciones, la preocupación por una liturgia digna y orante, la paz y la reconciliación en la Iglesia, y seguir su ejemplo.
Desde luego, “entrar en el sentido de lo que pide” Benedicto XVI, también es no rechazar, por principio, la forma ordinaria y evitar denigrarla. Desgraciadamente, ésta es una actitud que se encuentra en algunos tradicionalistas.
En un artículo que publiqué en 2008 en Lumière et Vie, la revista de los dominicos de Lyon, y que abordaba el primer año de aplicación del Motu Proprio, traté de ilustrar todos estos aspectos. Y el Santo Padre, que tomó conocimiento de dicho artículo, me confirmó en esta “lectura” de su iniciativa.


3) “Paz y reconciliación”: la motivación principal del motu proprio es, en efecto, la unidad de la Iglesia, un tema que se encuentra en el corazón del pontificado de Benedicto XVI. Además, es con el objetivo de alcanzar la unidad eclesial que Paix Liturgique impulsa la celebración de la forma extraordinaria en las parroquias más bien que en lugares de misa ad hoc. ¿Usted estaría de acuerdo en afirmar que la celebración de la forma extraordinaria es, para un obispo, una manifestación de su unidad con el Santo Padre? ¿Es el sentido que se le puede dar a la misa que usted celebró en la JMJ?

Mons. Le Gall: Sí, puede verse así: es una de las maneras en que un obispo está unido al sucesor de Pedro, pero no es la única.


4) Usted celebró para jóvenes católicos vinculados a la forma extraordinaria del rito romano: ¿cómo explica la atracción de muchos de ellos por una liturgia que algunos, tanto laicos como eclesiásticos, continúan considerando obsoleta y pasada de moda?

Mons. Le Gall: En Toulouse, donde tenemos una pastoral universitaria muy dinámica y fructuosa, constato todos los días el deseo de los jóvenes por una liturgia sobria y noble, pero también activa y comunitaria. Entonces, aunque comprendo que la forma extraordinaria les ofrece una mayor interioridad, debido a su silencio y recogimiento, me pregunto sobre el lugar que ésta otorga al sentido de comunidad.
De hecho, es un fenómeno que los obispos de Francia conocen muy bien, los jóvenes están acostumbrados al zapping, y su práctica religiosa no escapa a ello: pasan fácilmente de una fase cha cha cha a una fase tradicional o a la inversa.
En la JMJ, prediqué para Juventutem como habría predicado a cualquier otro grupo de jóvenes. Todo se desarrolló bien y no tuve la impresión de tratar con jóvenes aparte.


5) En su diócesis, el motu proprio se aplica en Toulouse, donde usted confió una misión al Instituto Cristo Rey, y en el campo, en el deanato de Grand Selve: ¿cuál es su opinión sobre estas comunidades? ¿Ya las ha visitado o tiene el proyecto de hacerlo?

Mons. Le Gall: En 2010, presidí la celebración de la Ascensión en Saint-Jean-Baptiste, en Toulouse, la capilla confiada desde 2003, es decir, antes del pontificado de Benedicto XVI y antes de mi llegada la ciudad, al Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote. Y conferí el sacramento de la confirmación allí mismo, dos días después.
Aunque nunca asistí a una misa en Launac, en el deanato de Grand Selve, mantengo, no obstante, estrechas relaciones con esta comunidad y sus pastores. Se trata de una aplicación del motu proprio en el marco de una parroquia, donde cohabitan pacíficamente la forma extraordinaria y la forma ordinaria, enriqueciéndose una y otra, como lo desea el papa. Así, en las confirmaciones del deanato según la forma ordinaria, el cura párroco había arreglado el altar con el crucifijo en el centro y los candelabros, como se hace ahora en San Pedro de Roma.
Recientemente, en el entierro de Mons. Gaidon, el antiguo obispo de Cahors, el superior de nuestro seminario diocesano me confió una anécdota simbólica de la comunidad de Grand Selve. Lo habían invitado para una reflexión sobre el prólogo del Evangelio según San Juan, y mientras explicaba que, desafortunadamente, era demasiado poco conocido, puesto que está reservado a la Misa de Navidad, oyó a uno de los fieles presentes que le respondía: “¡Nosotros lo tenemos todos los domingos!”. Se trataba, claro, de uno de los fieles de la parroquia que asisten regularmente a la forma extraordinaria en la parroquia.
No tengo el proyecto inmediato de celebrar en una u otra de ambas comunidades, pero lo haré de buena gana, sobre todo porque este verano adquirí el Pontifical Romano de 1962.


6) En su comunicado de 2007, usted escribía que “el latín continúa siendo normativo en nuestra Iglesia romana”. Sin embargo, en muchos seminarios ya no se enseña: ¿no es ésta una grave carencia que debe ser reparada?

Mons. Le Gall: No puedo responderle por los seminarios en general, pero le puedo asegurar que en Toulouse tiene el lugar que le corresponde.


7) ¿Tiene algún mensaje particular para nuestros lectores?

Mons. Le Gall: Sólo insistir sobre la importancia que tiene para todos los fieles, y no sólo para los obispos y sacerdotes, ir en el sentido de lo que quiere el Santo Padre. Y lo que quiere, es la paz y la unidad litúrgicas, el respeto mutuo entre las dos formas sin hacer de ellas una guerra de trincheras. La forma ordinaria es lo ordinario de las comunidades parroquiales y religiosas, dentro del respeto de los fieles y de la tradición de la Iglesia.

lunes, 30 de enero de 2012

El Obispo de Albenga-Imperia habla claro a sus sacerdotes sobre el Motu Prorpio Summorum Pontificum


Su Excelencia Rvdma. Mons. Mario Oliveri, a los Sacerdotes y Diáconos


Carta sobre el Motu Proprio "Summorum Pontificum", del Papa Benedicto XVI
sobre la celebración de la Santa Misa



Queridos sacerdotes y diáconos,

Es con gran amargura de ánimo que he podido constatar que muchos de vosotros no han asumido y expresado una justa actitud de mente y corazón a la posibilidad, dada a los fieles en el Motu Proprio "Summorum Pontificum" del Papa Benedicto XVI, de la celebración de la Santa Misa "con la Forma Extraordinaria", según el Misal del beato Juan XXIII, promulgado en 1962.

En "Los tres días del clero" en septiembre de 2007, dije alto y claro cuál es el valor y el verdadero significado del Motu Proprio, cómo se debe interpretar y cómo se debe acoger, con la mente abierta al contenido magisterial del documento y con una voluntad pronta de una obediencia convencida. La toma de posición del Obispo no faltaba a su sosegada autoridad, convalidada por su plena concordancia con un acto solemne del Sumo Pontífice. La toma de posición del Obispo está fundada en la racionalidad de sus argumentos teológicos sobre la naturaleza de la Divina Liturgia, la inmutabilidad de la sustancia en su contenido sobrenatural, y también fundada en su relieve de orden práctico, concreto, de buen sentido eclesial.

Las reacciones negativas al Motu Proprio y a las indicaciones teológicas y prácticas del Obispo son casi siempre de carácter emocional y dictados por el superficial razonamiento teológico, es decir, una visión de la "teología" más bien pobre y corta de miras, que no procede y no alcanza la verdadera naturaleza de las cosas que se refieren a la fe y la acción sacramental de la Iglesia, que no se nutre por la constante Tradición de la Iglesia, tomando en su lugar los aspectos marginales o al menos los asuntos incompletos de la cuestión. No sin razón, tuve, en los tres días citados, que preceder a la indicación de las directrices operativas y los principios para guiar la acción de una exposición doctrinal sobre la "naturaleza inmutable de la Liturgia."

He sabido, que en algunas zonas, por diferentes sacerdotes y párrocos, ha habido también una manifestación de casi burla de los fieles que han solicitado aprovechar la facultad, de hecho el derecho, de tener la celebración de la Misa en su forma extraordinaria; y así como una expresión de desprecio, casi de hostilidad hacia los compañeros sacerdotes dispuestos a comprender y adaptarse a las necesidades de los fieles. También frente a una oposición y renuncia, no muy serena, tranquila y razonada (aunque bien razonada no podía ser), para publicar el aviso de la celebración de la Misa en su "forma extraordinaria" en determinada iglesia, en determinados horario.

Pido que sea depuesta toda actitud no conforme a la comunión eclesial, a la disciplina de la Iglesia y la obediencia convencida debida a los importantes actos de magisterio o de gobierno.

Estoy convencido de que mi petición será acogida en un espíritu de respeto filial y de obediencia.

Siempre con referencia a la intervención del Obispo en "Los tres días del clero", en 2007, debo todavía insistir en la correcta aplicación de las indicaciones dadas por el Obispo sobre la buena disposición que debe tener todo el espacio de la iglesia que acertadamente se llama "Presbiterio". Las indicaciones acerca de "la reorganización del presbiterio" y la posición del altar fueron posteriormente incluidas en el folleto "Divina Liturgia", en las páginas 23-26.

Esas indicaciones, a más de cuatro años de distancia, no se han aplicacado en todas partes y por todos. Eran y son indicaciones razonables, fundados sobre los buenos principios y criterios de orden general, litúrgico y eclesial. Yo les he dado tiempo con el fin de que los sacerdotes y sobre todo los párrocos, hablasen con los Consejos Pastorales Parroquiales y de Asuntos Económicos, así como la oportuna catequesis litúrgica para los fieles. Aquellos que no habían considerado las indicaciones adecuadas o difíciles de aplicar, podrían haber tratado con el Obispo, con el ánimo abierto para una mejor comprensión de las razones que llevaron al obispo a darlas, para que se pusiesen en práctica lo más homogéneamente posible en todas las iglesias de la diócesis. Ciertamente no son contrarias a las normas y tampoco al "espíritu" de la reforma litúrgica que se llevó a cabo en el post-Concilio y partiendo del Vaticano II. Si alguno tenía fundadas dudas habría podido expresarlas con sinceridad y con apertura al sereno razonamiento, y con la voluntad dirigida a la obediencia, después que la mente hubiese tenido una mayor iluminación.

Estimo que ahora ha pasado mucho tiempo de espera y de tolerancia, y ha llegado el momento de la ejecución de aquellas indicaciones por parte de todos, entonces es el momento de la ejecución de todas las indicaciones, con el fin de llegar a la próxima Pascua, con todos los presbiterios reorganizados, o por lo menos con el estudio de la reorganización definitivamente comenzado, donde la reorganización requiere algunas dificultades de aplicación.

Es evidente que la no aplicación de las indicaciones, en el tiempo que he mencionado, se consideraría una desobediencia explícita. Sin embargo confío y espero que esto no ocurra.

Me aflige haber tenido que escribir esta carta, asegurándoos de que la sentiré como no escrita, si ha sido bien recibida y positivo efecto.

Esta carta lleva consigo todos mis deseos de un fortalecimiento y revitalización de nuestra comunión eclesial y de nuestro deseo común de cumplir nuestro ministerio con renovada fidelidad a Cristo y a su Iglesia.

Finalmente le pido oren mucho por mí y por mi ministerio apostólico, y con todo mi corazón os bendigo.


Albenga, 1 de enero de 2012, Solemnidad de Santa María Madre de Dios

Mons. Mario Oliveri, Obispo de Albenga-Imperia

Traducido por Pro Misa Tradicional en Ciudad Real 
Tomado de la web de la Diócesis de Albenga-Imperia.

sábado, 7 de enero de 2012

La web de la Conferencia Episcopal de Brasil publica artículo sobre la Forma Extraordinaria


La web de la Conferencia Episcopal Brasileña, publica un artículo —pequeño, pero peor es nada— dedicado a la Forma Extraordinaria del Rito Latino; el artículo está escrito por Mons. Fernando Arêas Rifan, Administrador Apostólico de la Administación Apostólica Personal San Juan María Vianney. Traducción al español de Secretum Meum Mihi.


Misa en la forma antigua del Rito Romano
Escrito por Conferência Nacional dos Bispos do Brasil
04 de Enero de 2012

Don Fernando Arêas Rifan
Administrador Apostólico de la Administación Apostólica Personal San Juan María Vianney


En un gesto de bondad y generosidad, “abriendo plenamente su corazón”, como él mismo expresa, buscando la “reconciliación interna en el seno de la Iglesia”, el Papa Benedicto XVI, en la Carta Apostólica Motu Proprio “Summorum Pontificum”, liberó para todo el mundo el uso de la forma antigua del Rito Romano, también llamada Misa en el rito de San Pío V o Misa Tridentina, como forma extraordinaria del único Rito Romano, junto a su forma ordinaria, que es la Misa en el rito de Paulo VI, en vigor actualmente en la Iglesia. El Motu Proprio está acompañado de una carta explicativa a los obispos.

Explicando que esa liberación no afecta la autoridad del Concilio Vaticano II ni de la validez de la reforma litúrgica que procede de él , el Papa dice que “las dos formas de uso del Rito Romano pueden enriquecerse mutuamente”. Y, en términos de reconciliación y convivencia, en cuanto que la nueva forma (ordinaria) de la Misa se presenta como más participativa, la antigua forma (extraordinaria) expresa más la sacralidad y la reverencia debida al misterio Eucaristíco.

Acerca de los interesados en esa forma antigua, el Santo Padre reconoce que, junto a las exageraciones y desviaciones por parte de algunos, existen personas correctamente apegadas a la antigua forma litúrgica de la Santa Misa: “Por lo que se refiere al uso del Misal de 1962, como Forma extraordinaria de la Liturgia de la Misa, quisiera llamar la atención sobre el hecho de que este Misal no ha sido nunca jurídicamente abrogado y, por consiguiente, en principio, ha quedado siempre permitido. En el momento de la introducción del nuevo Misal, no pareció necesario emitir normas propias para el posible uso del Misal anterior. Probablemente se supuso que se trataría de pocos casos singulares que podrían resolverse, caso por caso, en cada lugar. Después, en cambio, se demostró pronto que no pocos permanecían fuertemente ligados a este uso del Rito romano que, desde la infancia, se les había hecho familiar. Esto sucedió, sobre todo, en los Países en los que el movimiento litúrgico había dado a muchas personas una notable formación litúrgica y una profunda e íntima familiaridad con la Forma anterior de la Celebración litúrgica. Todos sabemos que, en el movimiento guiado por el Arzobispo Lefebvre, la fidelidad al Misal antiguo llegó a ser un signo distintivo externo; pero las razones de la ruptura que de aquí nacía se encontraban más en profundidad. Muchas personas que aceptaban claramente el carácter vinculante del Concilio Vaticano II y que eran fieles al Papa y a los Obispos, deseaban no obstante reencontrar la forma, querida para ellos, de la sagrada Liturgia. Esto sucedió sobre todo porque en muchos lugares no se celebraba de una manera fiel a las prescripciones del nuevo Misal, sino que éste llegó a entenderse como una autorización e incluso como una obligación a la creatividad, lo cual llevó a menudo a deformaciones de la Liturgia al límite de lo soportable. Hablo por experiencia porque he vivido también yo aquel periodo con todas sus expectativas y confusiones. Y he visto hasta qué punto han sido profundamente heridas por las deformaciones arbitrarias de la Liturgia personas que estaban totalmente radicadas en la fe de la Iglesia.".

En una entrevista con la revista estadounidense Latin Mass (05/05/2004), el cardenal Darío Castrillón Hoyos también ha declarado: “No me gusta, de hecho, las concepciones que quieren reducir el “fenómeno” tradicionalista sólamente a la celebración del Rito Antiguo, como si se tratase de un apego nostálgico y obstinado al pasado. Esto no corresponde a la realidad que se vive en el interior de este vasto grupo de fieles. En realidad, estamos allí frecuentemete en presencia de una visión cristiana de la vida de fe y devoción..., un deseo profundo de espiritualidad y de sacralidad, ... Es interesante es seguida resaltar cómo se encuentran en el seno de esta realidad muchos jóvenes, nacidos después del Concilio Ecuménico Vaticano II. Ellos manifiestan... una ‘simpatía de corazón’ por una forma de celebración, y también de catequésis, que ... deja un amplio espacio al clima de sacralidad y de espiritualidad que justamente conquista también a los jóvenes de hoy: no se puede ciertamente definirlos como “nostálgicos” o como un vestigio del pasado”.

En cuanto al uso del latín, lenga oficial de la Iglesia, recordemos que el Concilio Vaticano II, habiend liberado el uso de la lengua vernácula en la Liturgia, no dejó de recordar la norma general “Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos” ( Sacr. Conc. 36). De hecho, la observación fue hecha por el Beato Papa Juan XXIII: “Nadie, por afán de novedad escriba contra del uso de la Lengua Latina ... en los sagrados ritos de la Liturgia.” (Const. Ap. Veterum Sapientia, 11, § 2).

martes, 27 de diciembre de 2011

Cardenal Ranjith: llegó la hora de “alentar más y más la vuelta del Vetus Ordo”


The New Liturgical Movement publica una carta del Cardenal Albert Malcolm Ranjith , antiguo Secretario de la Sagrada Congregación del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, a los participantes de la 20ª Asamblea General de la Foederatio Internationalis Una Voce (FIUV), la cual se llevó a cabo el pasado mes de Noviembre en Roma. La traducción al español la tomamos del blog Servus Veritatis.


Quiero expresar en primer lugar, mi agradecimiento a todos ustedes por el celo y el entusiasmo con el que promueven la causa de la restauración de las verdaderas tradiciones litúrgicas de la Iglesia.

Como ustedes saben, es la adoración la que aumenta la fe y su realización heroica en la vida. Es el medio con el que los seres humanos se elevan al nivel de lo trascendente y eterno: el lugar de un encuentro profundo entre Dios y el hombre.

Por esta razón, la Liturgia nunca puede ser creada por el hombre. Porque si adoramos a la manera que queremos y establecemos las normas nosotros mismos, entonces corremos el riesgo de recrear el becerro de oro de Aarón. Tenemos que insistir constantemente en la adoración como la participación en lo que Dios mismo hace, de lo contrario corremos el riesgo de involucrarnos en la idolatría. El simbolismo Litúrgico nos ayuda a elevarnos por encima de lo que es humano a lo que es divino. En este sentido, es mi firme convicción de que el Vetus Ordo representa en gran medida y de la manera más satisfactoria, que llaman mística y trascendente, para el encuentro con Dios en la liturgia. Por lo tanto ha llegado el momento para nosotros de, no sólo renovar la nueva liturgia a través de cambios radicales, sino también de alentar más y más la vuelta del Vetus Ordo, como un camino para una verdadera renovación de la Iglesia, que fue la que los Padres de la Iglesia, sentados en el Concilio Vaticano Segundo, tanto desearon.

La lectura cuidadosa de la Constitución conciliar sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilum, muestra que los cambios introducidos en la Liturgia más tarde, nunca estuvo en la mente de los Padres del Concilio.

Por lo tanto ha llegado el momento para que seamos valientes en trabajar por una verdadera reforma de la reforma y también en un retorno a la verdadera liturgia de la Iglesia, que había desarrollado a lo largo de su historia bi-milenaria en un flujo continuo. Deseo y rezo para que suceda.

Que Dios bendiga sus esfuerzos con el éxito.

+ Malcolm Cardinal Ranjith
Arzobispo of Colombo

viernes, 18 de noviembre de 2011

Pontifical con la Forma Extraordinaria en Río de Janeiro















Mons. Fernando Arêas Rifan, Obispo de la Administración Apostólica de San Juan María Vianney, ecelebró la Santa Misa Pontifical con la Forma Extraordinaria del Rito Romano en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen (catedral vieja) de Río de Janeiro, con motivo del II Encuentro Summorum Pontificum.

Asistieron al Coro Mons. Orani João Tempesta, Arzobispo de Río de Janeiro, Mons. Karl Josef Romer, Obispo Auxiliar Emérito de Río de Janeiro y Mons. Fernando Guimarães, Obispo de Garanhuns. Con la asistencia a coro del Arzobispo de Río, y de su Obispo Auxiliar Emérito, ya son 252 los obispos que han celebrado o asistido a la Forma Extraordinaria.

Salvem a Liturgia!