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viernes, 4 de octubre de 2013

San Francisco de Asís


"...Por consiguiente, todos aquellos que administran tan santísimos ministerios, y sobre todo quienes los administran sin discernimiento, consideren en su interior cuán viles son los cálices, los corporales y los manteles donde se sacrifica el cuerpo y la sangre de nuestro Señor. Y hay muchos que lo abandonan en lugares viles, lo llevan miserablemente, y lo reciben indignamente, y lo administran a los demás sin discernimiento... enmendémonos de todas estas cosas y de otras pronta y firmemente; y dondequiera que estuviese indebidamente colocado y abandonado el santísimo cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, que se retire de aquel lugar y que se ponga en un lugar precioso y que se cierre. Del mismo modo, dondequiera que se encuentren los nombres y las palabras escritas del Señor en lugares inmundos, que se recojan y se coloquen en un lugar decoroso. Y sabemos que estamos obligados por encima de todo a observar todas estas cosas según los preceptos del Señor y las constituciones de la santa madre Iglesia. Y el que no lo haga, sepa que tendrá que dar cuenta ante nuestro Señor Jesucristo en el día del juicio".

San Francisco de Asís

sábado, 26 de enero de 2013

Crisis en la belleza de los objetos litúrgicos.


Traemos este interesante artículo sobre la actual crisis en la belleza en los objetos litúrgicos. Creemos que es un tema que como indica el texto es el termómetro de la Fe. Les recomendamos su lectura, por lo esclarecedora que resulta.

CRISIS EN LA BELLEZA DE LOS OBJETOS LITÚRGICOS

El presente artículo corresponde a la introducción de la ponencia titulada: La belleza de los objetos litúrgicos, en la XXXVII Jornadas de la Asociación Española de Profesores de Liturgia, que tuvieron lugar entre el 29 y el 31 de agosto de 2012 y que llevaban por título: Arte y Liturgia.

¿Una Frivolidad?

El tema podría parecer un tema menor, algo superficial, casi una frivolidad. Nos vamos, sí, a ocupar de los objetos litúrgicos. A algunos ya sólo con nombrarlo se le dibuja una sonrisa... Como si se confirmara la sospecha de que la Liturgia, prima theologia y primus locus theologicus de la actualeconomia salutis[1], se preocupara, no ya de las rúbricas, algo, aún, con cierta seriedad, sino de una cuestión mucho más trivial, rozando casi la frivolidad: los ajuares y roperos. Sin embargo la importancia del tema la reconoce, incluso, la Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium en su último capítulo, el VII, titulado: El arte y los objetos litúrgicos.

Belleza y objetos litúrgicos

Al hablar de la belleza de los objetos litúrgicos supone la aproximación a una realidad que, además de calificarlos, los define. La Iglesia siempre ha mostrado un especial interés por la belleza en su teología, pero también en su normativa, con criterios precisos a la hora de encargar o aceptar y bendecir, no sólo las imágenes para el culto, sino también los vasos sagrados y los ornamentos, pretendiendo decir algo más: cómo estos objetos, en la medida que sean bellos, sirven mejor a un fin, más que estético, mistagógico.

Un asunto polémico


Un tema de controversia el de los objetos litúrgicos y el de las vestiduras litúrgicas. El uso, o no, de vasos sagrados, su forma y materia, lo mismo que las vestiduras litúrgicas, han sido motivo de confrontación en el interior de la comunidad eclesial, revelando con bastante claridad una determinada comprensión de la Liturgia, de la Iglesia y del mismo Misterio de la Salvación. Podríamos proponer, si no lo está ya, la siguiente afirmación: “Dime cómo celebras y te diré qué fe tienes”. Una manifestación más, en negativo, de la máxima de Próspero de Aquitania: Legem credendi lex statuat supplicandi. Dime qué vasos empleas y qué vestiduras utilizas y sabremos qué conciencia tienes de lo que estás celebrando.

Entre los años sesenta y ochenta se dio una proliferación de objetos litúrgicos fabricados, en muchos casos, en materiales perecederos, como el vidrio, la cerámica, hasta de madera, sobre todo en las capillas de seminarios y casas religiosas. No era infrecuente que se llegase a utilizar en la Misa vasos y platos de uso corriente en convivencias y excursiones, sin ornamentos, incluso sin libros litúrgicos.

El rechazo hacia el uso de vasos preciosos o de materia noble en la celebración litúrgica venía a ser, no sólo, una reacción contra lo que se estimaba ostentación eclesial, sino una respuesta, en muchos casos, a una determinada visión cristológica, más “jesuística” que cristocéntrica. Jesús de Nazaret y su anuncio liberador del Reino remplazaba a Jesucristo y la Obra de la Redención. La Iglesia se reinterpretaba como un pueblo de asambleas solidarias, ilusionadas e implicadas en la utopía del Reino. Las misas pasaron a ser mesas con cestas de pan y vasos de vino donde anunciar y promover liberación. Y el compartir solidario entre iguales del anuncio del Reino reemplazaba la comunión con el Sacrificio Redentor de Cristo. Era normal que ornamentos, cálices y píxides no encontraran cabida en dicha atmósfera. Sólo aquellas cosas que contribuyan a recrear las comidas fraternas de Jesús y su última cena solidaria con las víctimas de la injusticia podían tener cabida. Lo demás se rechazaba como algo perteneciente a una iglesia ya superada. Esta mentalidad influyó, dificultó y mal interpretó comprensión de la Liturgia y la aplicación de la Reforma Litúrgica. Podríamos decir que el desinterés por los objetos litúrgicos se generalizó, salvo contadas excepciones. Se dejaron de bendecir, se procuraba evitar los materiales nobles, se buscaba la funcionalidad y se su única significación será la comensalidad. Se seguirán usando vasos litúrgicos de otras épocas porque no se disponga de otros, pero en lo posible se reemplazarían por aquellos más acordes con esta visión de las cosas.

En esos años se empezarán a fabricar en serie los objetos de culto caracterizados por una escasa valencia artística. Algunos han dicho que después del Vaticano II se dio la espalda a la belleza. Hace algunos años elConsejo Pontificio para la Cultura realizaba esta petición: ¡devuelvan la belleza a los edificios eclesiásticos, devuelvan la belleza a los objetos litúrgicos![2].

Como resultado final de estos enfoques, o mejor, desenfoques, más ideológicos que teológicos, nos encontramos con una realidad prosaica y ramplona que afecta en tantos lugares a los objetos litúrgicos. Se trata, sobre todo, no sólo de que carezcan de valor artístico y expresividad religiosa, sino de la “vulgarización” de su uso y del mal trato que reciben, fruto del desconocimiento y del desprecio al que han sido sometidos.

Poco a poco la preocupación e interés es creciente. Prueba de ello han sido las jornadas de la AEPL de 2012 celebradas en el Escorial, entre los días 29 al 31 de agosto con el título “Arte y Liturgia”, o el congreso internacional celebrado entre el 2 al 4 de junio de 2011 en Bose, organizado por su comunidad monástica y por el UfficioNazionale per i Beni Culturali e Ecclesiastici de la Conferencia Episcopal Italiana, titulado: Liturgia e arte. La sfidadellacontemporaneità, y que ha dado como resultado la publicación del libro Ars litúrgica.

1.4. La crisis del arte sacro

Podríamos decir que todo ello se inscribe en una crisis más amplia, la del arte sacro, que viene de antiguo y que se hace más dramática en la arquitectura, en la escultura y en la pintura, pero que también afecta, de rebote, a otras artes suntuarias como la orfebrería sacra o la paramentaria litúrgica. Cuando los edificios góticos se elevaban hacia el cielo, a la vez se construían extraordinarios y monumentales relicarios y custodias del mismo estilo como pequeñas obras de arquitectura. Sin embargo, salvo honrosas y celebradas excepciones, se ha ido generalizando un sordo desinterés por lo artístico, condicionados por su elevado coste, haciendo prevalecer, sobre todo, lo funcional. Pero no podemos olvidar tampoco el muro donde estrellarnos que supone la subjetividad de algunos artistas con una nula formación litúrgica, cuando no, incluso, extraños, o distanciados de la fe, cuya impronta se deja notar en sus obras, que se revelan imposibles para el servicio del culto[3]. En 1955 ya el Cardenal Giacomo Lercaro, arzobispo de Bolonia, en el discurso inaugural del Primer Congreso Nacional de Arquitectura Sagrada de Italiahacía un interesante análisis sobre la ruptura entre el arte y la liturgia, pero también sobre las posibilidades de una alianza. Señalaba: No inculparemos a los artistas… la culpa, si acaso, recae sobre aquel fenómeno desastroso que, a partir del humanismo, llevó a los hombres de la cristiandad a alejarse de la Iglesia, luego de Cristo y por fin de Dios, con la afirmación exasperada del hombre y del individuo… Continuaba diciendo: Ninguno tiene al igual que el artista la capacidad de sentir, y a veces de presentir, casi de captar inconscientemente, pero con exquisita sensibilidad, las actitudes, las aspiraciones de un ambiente y de un momento, y de hacerse su intérprete. El artista que crea un templo debe vivir profundamente la idea del culto litúrgico y gustar y asimilar su espíritu; entonces le será fácil, casi espontáneo, llevar a los hombres de su tiempo, con su lenguaje el eco de la Palabra de Dios[4]. Seguramente todos en este momento, como ejemplo de esta alianza, pensaríamos en el genio de Antoni Gaudí, capaz de proyectar el colosal y mistagógico templo de la Sagrada Familia, y a la vez diseñar un tenebrario para la liturgia de la Semana Santa.

En la última década, con una mejor y mayor recepción de la Reforma litúrgica y un mayor interés por la dimensión artística del espacio y de los objetos litúrgicos, surge un nuevo riesgo, el de una recuperación anacrónica del ajuar y de los ornamentos litúrgicos, sin una suficiente reflexión y equilibradas decisiones que permitan armonizar tradición y progreso[5]. Su Santidad Benedicto XVI con ocasión del IX Congreso Internacional del Pontificio Instituto Litúrgico de San Anselmo decía:tradición y progreso no se oponen, sino que se complementan, en la reforma de la liturgia establecida por el Concilio Vaticano II… No pocas veces se contraponen equivocadamente tradición y progreso. En realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad viva, incluye por tanto, en sí misma, el principio del desarrollo, del progreso. En último término, para hacer realidad lo que dice el Evangelio:Todo maestro de la ley que se ha hecho discípulo del Reino de los cielos se parece al padre de familia que saca de su arca cosas nuevas y viejas (Mt 13,52).Narciso-Jesús 


Lorenzo Leal, pbro.


[1] Ciertamente podemos hablar de Prima Theologia porque los textos eucológicos son también un discurso sobre Dios. Y decimos Primus Locus Theologicus, porque la acción litúrgica es lugar de Dios. Lugar seguro del encuentro con Dios, ya que Cristo ha comprometido su presencia con la acción litúrgica. Afirmación sancionada por SC 7: Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. D. Sartore, “Iglesia y Liturgia” en D. Sartore-A. M. Triacca, Nuevo Diccionario de Liturgia. Madrid 1987, p. 1044.
[2]P. Franklyn M. McAfee, D. D., en la cripta del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción (USA), en una Misa celebrada en la Forma Extraordinaria, en The New LiturgicalMovement.
[3] Un triste ejemplo, a juicio de muchos, en lo que respecta al acierto del programa iconográfico, no a la calidad artística del trabajo, lo encontraríamos en la obra de Miguel Barceló para la proyectada capilla del Santísimo Sacramento de la Catedral de Palma de Mallorca, que finalmente no ha podido dedicarse a tal fin. Así se expresaba un lector en el diario EL Mundo-El Día de Baleares, el 13-II-2007: Vaya por delante mi más sincera felicitación al agnóstico Miguel Barceló por obsequiarnos con lo que pude ver, sentir, incluso olfatear, en la monumental capilla del Santissimo.
[4] Citado por Juan Plazaola, El Arte sacro actual. Madrid 1965, pp. 633-634, 635.
[5] Una mala interpretación está llevando a algunos clérigos a recargar los espacios litúrgicos, como si con ello se sirviera mejor la sacralidad de la acción, poblando los retablos de platería y candelerías, oscureciendo, incluso, la importancia del altar con barreras de candelabros, o poniendo a los presbíteros concelebrantes, sin función de diácono o subdiácono, dalmática y tunicela. Y todo bajo el mismo criterio que llevara a los terribles abusos litúrgicos de los años posconciliares, convertir la opinión personal o el propio gusto en instancia última de la acción litúrgica.

Fuente: Lex Orandi

domingo, 21 de octubre de 2012

El Santo Padre recupera el uso del Fanon





Hoy, 21 de Octubre el Santo Padre Benedicto XVI nos sorprende con el retorno del "Fanon" a las vestiduras litúrgicas propias del Romano Pontífice.

El Fanon es una una especie de muceta de seda blanca adornada con unas estrechas franjas doradas y rojas, de manera que alternan con el color blanco; la parte frontal de éste está adornada con una cruz. bordada en oro. Originalmente era similar a un amito pero, más tarde, terminó siendo colocado por encima del alba y, luego, por encima de la casulla; y sobre esta prenda litúrgica va colocado el Palio.


Ya es mencionado en un Ordo Romanus del siglo VIII; aunque se conocía con el nombre de "anabolagium" y todavía no pertenecía a las prendas reservadas al uso del Papa.

Desde los siglos X-XII, estará reservado para la celebración de la Santa Misa del Romano Pontífice ; así lo podemos afirmar al leer la declaración expresa de Inocencio III (1198-1216): “Romanus Pontifex post albam et cingulum assumit orale [fanon], quod circa caput involvit et replicat super humeros, legalis pontificis ordinem sequens, qui post lineam strictam et zonam induerunt ephod id est super-humerale.” Innocentius III, De Myst. Missæ, I, c. 53.



En cuanto a su factura, sabemos que a finales de la Edad Media, era de seda blanca, como lo demuestra el inventario del año 1295 del tesoro papal. Hasta entrado el siglo XV, el fanon era de forma cuadrada; la forma actual parece remontarse al siglo XVI.

Como puede verse en esta fotografía, también el Beato Juan Pablo II hizo uso el "fanon".


Fuente: Lex Orandi

domingo, 30 de septiembre de 2012

La orientación hacia Dios, el criterio fundamental de la Liturgia Católica


La liturgia, como escuela de oración, como “lugar privilegiado en que Dios habla a cada uno de nosotros (…) y espera nuestra respuesta” ha sido el tema de la catequesis deBenedicto XVI en la audiencia general de ayer miércoles, 27 de septiembre, en la Plaza de San Pedro.

Según recordó el Santo Padre “cuando la mirada de Dios no es determinante, todo lo demás pierde su orientación. El criterio fundamental para la liturgia es su orientación hacia Dios, para que así podamos participar en su misma obra”.

miércoles, 20 de junio de 2012

Mons. Nicola Bux: "Mi esperanza es que el Papa escriba una encíclica sobre la Liturgia"


En una reciente entrevista en Radio Vaticano el pasado 19 de junio, Mons. Nicola Bux, profesor de la Facultad de Teología de Puglia y consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe y para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, ha realizado las siguientes declaraciones:

“Mi esperanza es que el Papa escriba una encíclica sobre la liturgia, a partir de la fe, y que los cardenales, obispos y sacerdotes, lo secundemos lo más sobre estos temas”.


“Lo que ha ocurrido, y que el Papa denuncia de algún modo —afirma Bux— es exactamente lo que los Padres Conciliares no querían. Muchos han entendido la reforma como una revolución y han puesto al hombre en el centro, con su voluntad inquebrantable de protagonismo, en lugar de Dios. Hemos eliminado del centro el Santísimo Sacramento para poner en su lugar a nosotros los clérigos, en un momento en el cual —como se ha visto en la crónica— haríamos bien en estar a un lado, como ministros. No lamentemos después la decadencia de la ética, incluso en la Iglesia. Como ha recordado Benedicto XVI, con una fuerte expresión: “la crisis de la Iglesia nace justo de una crisis de la liturgia”.

Secretum meum mihi

lunes, 18 de junio de 2012

El Papa recuerda que aún queda mucho por hacer en el camino de la auténtica renovación litúrgica


Este domingo Su Santidad el Papa, Benedicto XVI, ha dirigido un videomensaje a los asistentes a la clausura del 50 Congreso Eucarístico Internacional, celebrado estos últimos días en Dublín(Irlanda). Como parte de dicho mensaje se incluyen estas importantes reflexiones del Santo Padre:

“Es evidente que los deseos de los Padres Conciliares sobre la renovación litúrgica se han logrado en gran parte, pero es igualmente claro que ha habido muchos malentendidos e irregularidades. La renovación de las formas externas querida por los Padres Conciliares se pensó para que fuera más fácil entrar en la profundidad interior del misterio. Su verdadero propósito era llevar a las personas a un encuentro personal con el Señor, presente en la Eucaristía, y por tanto con el Dios vivo, para que a través de este contacto con el amor de Cristo, pudiera crecer también el amor de sus hermanos y hermanas entre sí. Sin embargo, la revisión de las formas litúrgicas se ha quedado con cierta frecuencia en un nivel externo, y la «participación activa» se ha confundido con la mera actividad externa. Por tanto, queda todavía mucho por hacer en el camino de la renovación litúrgica real”.

En la fotografía el Papa en la Misa celebrada en Roma con motivo de la reciente festividad del Corpus Christi.

Hoc Signo

viernes, 25 de mayo de 2012

Mons. Ferrer habla de la hermeneútica de ruptura dada tras el Vaticano II


Recientemente Mons. Juan Miguel Ferrer, subsecretario de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, dio recientemente una conferencia sobre canto gregoriano, en la cual habló ampliamente de la interpretación del Concilio Vaticano II, de los verdaderos enemigos de dicha asamblea conciliar, de las causas de la crisis post-conciliar y la secularización intra-eclesial, así como también de los desafíos que su dicasterio tiene por delante luego del Motu proprio “Quaerit semper”, de Benedicto XVI, que ha pedido que la Congregación se dedique principalmente a la promoción de la Sagrada Liturgia. El sacerdote español ha afirmado que está en curso la renovación del dicasterio para poder ocuparse orgánicamente de las prioridades asignadas por el Santo Padre. Referente a los enemigos auténticos del Concilio y de su interpretación rupturista. Mons. Ferrer afirma lo siguiente: 

Probablemente, sobre algunos ha ejercido su peso, por falta de una seria y convicente formación, el deseo inquieto de novedades. Creo, sin embargo, que para la mayor parte se ha tratado de una búsqueda de respuestas a un problema real y urgente, si bien hecho – por decirlo en términos prestados de la medicina – a través de un diagnóstico equivocado y una terapia contraindicada. Ha sido sostenido con autoridad que entre los motivos del alejamiento respecto al cristianismo por parte del hombre contemporáneo están la división o el exceso de separacionismo con que se han explicado y vivido el orden natural y el sobrenatural. El remedio consistía en poner en evidencia la proximidad entre los dos planos y su “continuidad”. De este modo, el hombre contemporáneo habría visto la cercanía del mensaje cristiano y de su propuesta de vida con las propias aspiraciones y los propios proyectos. Pero la propuesta, en cambio, se ha traducido bien pronto en una “secularización” de la vida y de la enseñanza cristiana. Lo que buscaba, por lo tanto, evitar el avance del ateísmo de masa, ha terminado por alimentar el secularismo en la misma Iglesia; y lo que los adversarios consideraban poder introducir con lentitud y dificultad en el pueblo cristiano y frenar en las tierras de misión, ha terminado difundiéndose con inusitada rapidez, precisamente a través de la enseñanza teológica, la predicación, la catequesis, la misión e incluso la liturgia, secularizándolas. Una problemática aún persistente y cuyos nocivos efectos aún hoy sufrimos.

martes, 24 de abril de 2012

Benedicto XVI pide a los obispos germanoparlantes que obedezcan a sus directrices sobre la traducción del "pro multis"


Como recordarán, la carta de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos data  hace seis años, en la que se anunciaba que la traducción de las palabras “pro multis” de la consagración del cáliz en la Misa serían corregidas y dejarían de traducirse “por todos” y pasarían a ser correctamente traducidas como “por muchos”. Seis años después, los medios de comunicación en alemán (Dom Radio, Radio Vaticano) reportan que con fecha del 14 de abril, que  el Papa Benedicto XVI ha remitido una carta al presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, Mons. Robert Zollitsch, y al Presidente de la Conferencia Episcopal de Austria, Card. Christoph Schönborn; para que preparen a los creyentes para este cambio (que seis años después no se ha producido) en la traducción alemana de la litugia, sobre lo cual —expresa el Papa en su carta— no existe consenso entre los obispos de lengua alemana.

Lo que es increible es que el Papa en su carta explique nuevamente a los obispos germanoparlantes las motivaciones de la correcta traducción del “pro multis”, cosa que ya se había hecho en la carta de 2006 de la CCDDS.

Claros tintes de desobediencia de esa bicefalia creada por la Conferencias Episcopales. 

Secretum Meum Mihi

viernes, 20 de abril de 2012

Mons. Schneider sobre la Sagrada Liturgia


El 15 de enero de 2012, la asociación parisina Réunichatho, que nació apenas publicado el motu proprio Summorum Pontificum, organizó el cuarto encuentro por la unidad católica. Reproducimos a continuación, en su versión completa, el texto de la intervención del invitado de honor de esa jornada, Mons. Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de Santa María de Astana, Secretario de la Conferencia Episcopal de Kazajistán, y gran promotor de la comunión en la boca, sobre el tema “La Forma Extraordinaria y la Nueva Evangelización”.

(Los subtítulos son de la redacción)
***

I – Dirigir nuestra mirada hacia Cristo

Para hablar correctamente de la nueva evangelización, es indispensable dirigir primero nuestra mirada hacia Aquél que es el verdadero Evangelizador, es decir, Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, el Verbo de Dios hecho Hombre. El Hijo de Dios vino a esta tierra para expiar y redimir el pecado mayor, el pecado por excelencia. Y este pecado por excelencia de la humanidad consiste en el rechazo de adorar a Dios, en el rechazo de dejarle el primer lugar, el lugar de honor. Este pecado de los hombres consiste en no prestar atención a Dios, en ya no tener el sentido de las cosas, o sea, de los detalles que tienen que ver con Dios y la adoración que se le debe, en no querer ver a Dios, en no querer arrodillarse ante Dios.

Frente a semejante actitud, la Encarnación de Dios es molesta, y de rebote, también molesta la presencia real de Dios en el misterio eucarístico, molesta la centralidad de la presencia eucarística de Dios en las iglesias. El hombre pecador quiere, en efecto, ponerse en el centro, tanto dentro de la iglesia como durante la celebración eucarística, quiere ser visto, quiere ser notado. Por esta razón se prefiere colocar a Jesús Eucaristía, Dios Encarnado, presente en el tabernáculo bajo la forma eucarística, al costado. Incluso la representación del Crucificado en la Cruz en medio del altar durante la celebración resulta molesta, porque el rostro del sacerdote se vería oculto. Así pues, tanto la imagen del Crucificado en el centro del altar como Jesús Eucaristía en el tabernáculo son molestos. En consecuencia, la cruz y el tabernáculo se desplazan al costado. Durante el oficio, los asistentes deben poder observar todo el tiempo la cara del sacerdote, y éste sentir agrado en ponerse literalmente todo el tiempo en el centro de la casa de Dios. Y si por casualidad, Jesús Eucaristía, a pesar de todo, está en tabernáculo en el centro del altar, debido a que el ministerio de monumentos históricos, incluso en un régimen ateo, prohibió por razones artísticas de conservación del patrimonio que se lo desplazara, el sacerdote, muchas veces, le da la espalda sin escrúpulos a lo largo de la celebración.

Cuántas veces los sencillos adoradores de Cristo, en su simplicidad y humildad, habrán exclamado: “¡Benditos sean, Monumentos históricos! Nos dejaron por lo menos a Jesús en el centro de nuestra iglesia.”


II – La misa, dar gloria a Dios y no a los hombres

Sólo a partir de la adoración y la glorificación de Dios la Iglesia puede anunciar de manera adecuada la palabra de verdad, es decir, evangelizar. Antes de que el mundo oyera a Jesús, el Verbo Eterno hecho carne, predicar y anunciar el reino, Jesús se calló y adoró durante treinta años. Ésta es la norma para siempre en la vida y la acción de la Iglesia como de todos los evangelizadores. “En la manera de tratar la liturgia es donde se decide el destino de la Fe y de la Iglesia”, dijo el cardenal Ratzinger, nuestro actual Papa, Benedicto XVI. El Concilio Vaticano II quiso recordar a la Iglesia cuál era la realidad y cuál la acción que debían tener primacía en su vida. Por tal motivo, el primer documento conciliar estaba consagrado a la liturgia. Con ello, el concilio nos da los siguientes principios: En la Iglesia, y por lo tanto en la liturgia, lo humano debe orientarse hacia lo divino y estarle subordinado, así como lo visible con relación a lo invisible, la acción respecto de la contemplación, y el presente con respecto a la ciudad futura, a la cual aspiramos (cfr. Sacrosantum Concilium, 2). Según las enseñanzas del Vaticano II, nuestra liturgia terrena es como un anticipo de la liturgia celestial de la ciudad santa de Jerusalén (cfr. ídem, 2).

Por lo tanto, todo en la liturgia de la Santa Misa debe servir para expresar de la forma más diáfana la realidad del sacrificio de Cristo, es decir, las oraciones de adoración, de acción de gracias, de expiación, de súplica, que el eterno Sumo Sacerdote ha presentado a Su Padre.

El rito y todos los detalles del Santo Sacrificio de la misa deben tener como eje la glorificación y la adoración de Dios, con insistencia en la centralidad de la presencia de Cristo, ya sea en el signo y en la representación del Crucificado, ya en Su presencia eucarística en el tabernáculo, y sobre todo, en el momento de la consagración y de la santa comunión. Cuanto más se respete esto, menos se pondrá al hombre en el centro de la celebración, menos se parecerá la celebración a un círculo cerrado; al contrario, estará abierta, incluso de una manera externa, hacia Cristo, como en una procesión que se dirige hacia Él con el sacerdote a su cabeza, y tal celebración eucarística reflejará de modo verdadero el sacrificio de adoración de Cristo en cruz, más ricos serán los frutos que recibirán los participantes en su alma, provenientes de la glorificación de Dios, más los honrará Dios.

En la medida en que el sacerdote y los fieles busquen verdaderamente en las celebraciones eucarísticas la gloria de Dios y no la gloria de los hombres, ni busquen recibir la gloria unos de otros, más los honrará Dios, dejando participar su alma de manera más intensa y fértil en la Gloria y en el Honor de su Vida divina.

Actualmente y en diversos lugares de la tierra, muchas son las celebraciones de la Santa Misa a cuyo propósito se podrían decir las siguientes palabras, invirtiendo las palabras del salmo 113, versículo 9: “A nosotros, oh Señor, y a nuestro nombre da la gloria”, y también, a propósito de tales celebraciones, se aplican las palabras de Jesús: “¿Cómo podéis vosotros creer, cuando tomáis la gloria los unos de los otros? Y no buscáis la gloria que viene del Dios único”. (Juan, 5,44).


III – Los seis principios de la reforma litúrgica

El Concilio Vaticano II emitió, con respecto a una reforma litúrgica, los siguientes principios:
1. Lo humano, lo temporal, la actividad deben, durante la celebración litúrgica, orientarse a lo divino, lo eterno, la contemplación, y tener un papel subordinado con relación a estos últimos (cfr. Sacrosantum Concilium, 2).
2. Durante la celebración litúrgica, se deberá estimular la toma de conciencia con relación al hecho de que la liturgia terrestre participa de la liturgia celestial (cfr. Sacrosantum Concilium, 8).
3. No debe haber, pues, absolutamente ninguna innovación, ninguna creación nueva de los ritos litúrgicos, en particular, en el rito de la misa, a menos de que se siga un provecho verdadero y cierto en beneficio de la Iglesia y con la condición de proceder con prudencia y de que, eventualmente, las formas nuevas reemplacen las existentes de manera orgánica (cfr.Sacrosantum Concilium, 23).
4. Los ritos de la misa deben ser tales que lo sagrado se vea expresado más explícitamente (cfr.Sacrosantum Concilium, 21).
5. El latín debe ser conservado en la liturgia y sobre todo en la Santa Misa (cfr. Sacrosantum Concilium, 36 y 54).
6. El canto gregoriano ocupa el primer lugar en la liturgia (cfr. Sacrosantum Concilium, 116).

Los Padres conciliares veían sus proposiciones de reforma como una continuación de la reforma de Pío X (cfr. Sacrosantum Concilium, 112 y 117) y del siervo de Dios Pío XII, y de hecho, la encíclica más citada en la constitución litúrgica es la Mediator Dei del papa Pío XII.

El papa Pío XII ha dejado a la Iglesia, entre otros, un principio importante de la doctrina sobre la Santa Liturgia, a saber, la condenación de lo que se llama el arqueologismo litúrgico, cuyas propuestas coincidían en gran medida con las del sínodo jansenista y protestantizante de Pistoya de 1786 (cf. Mediator Dei, nº 63-64) y que, de hecho, recuerdan el pensamiento teológico de Martín Lutero.

Por ello, ya el Concilio de Trento había condenado las ideas litúrgicas protestantes, sobre todo, el acento exagerado en la noción de banquete en la celebración eucarística en detrimento del carácter sacrificial, la supresión de signos unívocos de sacralidad como expresión del misterio de la liturgia (cfr. Concilio de Trento, sesión XXII).

Las declaraciones litúrgicas doctrinales del magisterio, como en este caso las del Concilio de Trento y la encíclica Mediator Dei, reflejadas en una praxis litúrgica secular más que milenaria, constante y universal, estas declaraciones, pues, hacen parte de ese elemento de la santa tradición que no puede abandonarse sin grandes daños en el plano espiritual. El Vaticano II retomó estas declaraciones doctrinales sobre la liturgia, como puede constatarse leyendo los principios generales del culto divino en la constitución litúrgica Sacrosantum Concilium.

Como error concreto en el pensamiento y en el actuar del arqueologismo litúrgico, el papa Pío XII cita la proposición de dar al altar la forma de una mesa (cfr. Mediator Dei nº 62). Si ya el Papa Pío XII rechazaba el altar en forma de mesa, ¡es de imaginar cómo habría rechazado, a fortiori, la propuesta de una celebración como si fuera alrededor de una mesa “versus populum”!

Cuando en el número 2, Sacrosantum Concilium enseña que en la liturgia se debe dar la prioridad a la contemplación y que toda celebración de la misa debe estar orientada hacia los misterios celestiales (cfr.i nº 2 y nº 8), se hace eco fiel de la siguiente declaración del Concilio de Trento: “Dado que la naturaleza del hombre está hecha de tal manera que no se deja elevar fácilmente a la contemplación de las cosas divinas sin ayudas externas, la Madre Iglesia, en su benevolencia, ha introducido ritos precisos; ha recurrido, apoyada en la enseñanza apostólica y en la tradición, a ceremonias tales como bendiciones llenas de misterio, velas, incienso, vestimentas litúrgicas y muchas otras cosas; todo esto debería incitar en los espíritus de los fieles, gracias a signos visibles de la religión y la piedad, la contemplación de las cosas sublimes” (sessio XXII, cap. 5).

Sin duda alguna, los Padres conciliares reconocieron como plenamente válidas las enseñanzas citadas del magisterio de la Iglesia y sobre todo la de Mediator Dei; en consecuencia, aún hoy deben ser plenamente válidas para todos los hijos de la Iglesia.


IV – Las cinco llagas del cuerpo místico litúrgico de Cristo


En la carta enviada a todos los obispos de la Iglesia Católica que Benedicto XVI adjuntó al Motu Proprio Summorum Pontificum del 7 de julio de 2007, el papa hace esta declaración importante: “En la historia de la liturgia, hay crecimiento y progreso, pero no ruptura. Lo que fue sagrado para las generaciones pasadas, debe seguir siendo sagrado y grande para nosotros”. Al decir esto, el papa expresa el principio fundamental de la liturgia enseñado por el Concilio de Trento, el papa Pío XII y el Concilio Vaticano II.

Si se observa, sin ideas preconcebidas y de modo objetivo, la práctica litúrgica de la aplastante mayoría de las iglesias en todo el mundo católico donde la forma ordinaria del rito romano está en uso, nadie puede negar, con honestidad, que los seis principios litúrgicos mencionados por el Concilio Vaticano II no son respetados o en todo caso, lo son muy poco, aunque se declare erróneamente que esta práctica de la liturgia fue deseada por el Vaticano II. Existen un cierto número de aspectos concretos en la práctica de la liturgia dominante actual, en el rito ordinario, que representan una ruptura visible con una práctica litúrgica constante desde hace más de un milenario. Se trata de los cinco usos litúrgicos siguientes, que podemos designar como las cinco llagas del cuerpo místico litúrgico de Cristo. Se trata de llagas, pues representan una ruptura violenta con el pasado, porque ponen menos el acento en el carácter sacrificial que es, sin embargo, el carácter central y esencial de la misa, y en cambio, ponen el acento en el banquete; todo esto disminuye los signos externos de adoración divina, ya que ponen menos de relieve el carácter de misterio en aquello que tiene de celestial y eterno.

Con relación a estas cinco llagas, se trata de cosas –con excepción de una (las nuevas oraciones del ofertorio)– que no están previstas en la forma ordinaria del rito de la misa, sino que fueron introducidas deplorablemente en la práctica.

A) La primera llaga, y la más evidente, es la celebración del sacrificio de la misa en que el sacerdote celebra con la cara vuelta hacia los fieles, en particular durante la oración eucarística y la consagración, el momento más alto y sagrado de la adoración debida a Dios. Por su propia naturaleza, esta forma exterior corresponde más bien a la manera en que se da una clase o se comparte una comida. Estamos en presencia de un círculo cerrado. Y este modo no es conforme, en absoluto, al momento de la oración y menos aún al de la adoración. Ahora bien, el Vaticano II no deseó para nada esta forma, y nunca fue recomendada por el magisterio de los papas posconciliares. El Papa Benedicto XVI escribe en el prefacio al primer tomo de sus obras completas: “La idea de que el sacerdote y la asamblea deban mirarse durante la oración nació entre los modernos y es totalmente ajena a la cristiandad tradicional. El sacerdote y la asamblea no se dirigen mutuamente una oración, es al Señor a quien se dirigen. Por ello en la oración, miran en la misma dirección: o bien al este, como símbolo cósmico de la vuelta del Señor, o allí donde esto no es posible, hacia una imagen de Cristo situada en el ábside, hacia una cruz o simplemente juntos hacia lo alto”.

La forma de celebración donde todos dirigen su mirada en la misma dirección (conversi ad orientem, ad Crucem, ad Dominum) se encuentra incluso señalada en las rúbricas del nuevo rito de la misa (cfr. Ordo Missae, n. 25, n. 133 et n. 134). La celebración llamada “versus populum”, ciertamente, no corresponde a la idea de la Sagrada Liturgia tal como está mencionada en las declaraciones de Sacrosantum Concilium, nº 2 y nº 8.

B) La segunda llaga es la comunión en la mano, extendida prácticamente en todo el mundo. No sólo los Padres Conciliares del Vaticano II no evocaron en modo alguno esta manera de recibir la comunión, sino que fue introducida por cierto número de obispos en desobediencia a la Santa Sede e ignorando el voto negativo de 1968 emitido por la mayoría del cuerpo episcopal. Solamente más tarde, el Papa Pablo VI la legitimó bajo condiciones particulares y a disgusto.

El Papa Benedicto XVI, a partir de la fiesta de Corpus Christi de 2008, sólo distribuye la comunión a los fieles de rodillas y en la boca, y no sólo en Roma, sino también en todas las iglesias locales a las que visita. Así, da a toda la Iglesia un ejemplo claro de magisterio práctico en materia litúrgica. Si la mayoría calificada del cuerpo episcopal, tres años después del concilio, rechazó la comunión en la mano como algo perjudicial, ¡cuánto más lo habrían hecho los Padres conciliares!

C) La tercera llaga son las nuevas oraciones del ofertorio. Son una creación totalmente nueva y jamás estuvieron en uso en la Iglesia. Expresan menos la evocación del misterio del sacrificio de la cruz que la de un banquete y recuerdan las oraciones de la comida sabática judía. En la tradición más que milenaria de la Iglesia de Occidente y de Oriente, las oraciones del ofertorio siempre tuvieron como eje, de forma expresa, el misterio del sacrificio de la cruz (cfr. por ejemplo Paul Tirot, Historia de las oraciones del ofertorio en la liturgia romana del siglo VII al siglo XVI, Roma, 1985). Semejante creación, es absolutamente nueva y sin duda alguna está en contradicción con la formulación clara del Vaticano II que recuerda: “Innovationes ne fiant … novae formae ex formis iam exstantibus organice crescant” (Sacrosanctum Concilium, 23).

D) La cuarta llaga es la desaparición total del latín en la inmensa mayoría de las celebraciones eucarísticas de la forma ordinaria en la totalidad de los países católicos. Esa es una infracción directa contra las decisiones del Vaticano II.

E) La quinta llaga es el ejercicio de los ministerios litúrgicos de lector y de acólito por mujeres, así como el ejercicio de estos mismos ministerios con ropas civiles en el coro durante la Santa Misa, por fieles que acceden allí directamente desde el espacio reservado a estos últimos. Esta costumbre no ha existido jamás en la Iglesia, o al menos nunca fue bienvenida. Confiere a la celebración de la misa católica el carácter externo de algo informal, el carácter y el estilo de una asamblea más bien profana. El segundo concilio de Nicea prohibía, ya en 787, tales prácticas cuando dictaba el siguiente canon: “A quien no está ordenado, no le está permitido hacer la lectura desde el ambón durante la santa liturgia” (can. 14). Esta norma fue siempre respetada en la Iglesia. Sólo los subdiáconos o los diáconos tenían el derecho de hacer la lectura durante la liturgia de la Misa. En reemplazo de los lectores y acólitos faltantes, pueden hacerlo hombres o niños con hábitos litúrgicos, y no mujeres, dado que el sexo masculino, en el plano de la ordenación no sacramental de los lectores y acólitos, representa simbólicamente el último vínculo con las órdenes menores.

En los textos del Vaticano II no se hace ninguna mención de la supresión de las órdenes menores y del subdiaconado, ni de la introducción de nuevos ministerios. En Sacrosanctum Concilium n° 28, el concilio hace una diferencia entre “minister” y “fidelis” durante la celebración litúrgica y estipula que uno y otro sólo tienen el derecho de hacer lo que les corresponde según la naturaleza de la liturgia. El nº 29 menciona a los “ministrantes”, esto es, a los monaguillos que no recibieron ninguna ordenación. En oposición a éstos, estarían, según los términos jurídicos de la época, los “ministri”, o sea, aquéllos que recibieron una orden, ya sea mayor o menor.


V – El motu proprio para acabar con la ruptura litúrgica

Mediante el Motu Proprio Summorum Pontificum, el Papa Benedicto XVI estipula que las dos formas del rito romano deben ser consideradas y tratadas con el mismo respeto, porque la Iglesia sigue siendo la misma antes y después del Concilio. En la carta que acompaña el motu proprio, el papa anhela que las dos formas se enriquezcan mutuamente. Además, desea que en la nueva forma “aparezca, lo que no ha sido el caso hasta el presente, el sentido de lo sagrado que atrae a muchas personas hacia el rito antiguo”.

Las cuatro llagas litúrgicas o usos desafortunados (celebración versus populum, comunión en la mano, abandono total del latín y del canto gregoriano e intervención de las mujeres en los ministerios de la lectura y del acolitado) no tienen en sí nada que ver con la forma ordinaria de la misa y, además, están en contradicción con los principios litúrgicos del Vaticano II. Si se pusiera fin a estos usos, se volvería a la verdadera enseñanza litúrgica del Vaticano II. Y en ese caso, las dos formas del rito romano se aproximarían enormemente, de modo que, al menos externamente, no se habría de constatar la ruptura entre ambas, y por tanto, tampoco la ruptura entre la Iglesia de antes y después del concilio.

En cuanto a las nuevas oraciones del ofertorio, sería de desear que la Santa Sede las reemplazara por las oraciones correspondientes de la forma extraordinaria o, al menos, que permitiera su utilización ad libitum. Así no sólo se evitaría la ruptura entre las dos formas exteriormente, sino también interiormente. Si hay algo que la mayoría de los Padres conciliares no quiso, fue la ruptura en la liturgia; testimonio de ello son las actas del concilio, porque en los dos mil años de historia de la liturgia de la Santa Iglesia, jamás hubo ruptura litúrgica, y en consecuencia, no debe haberla jamás. En cambio, debe haber una continuidad, tal como conviene que sea en el ámbito del magisterio.

Las cinco llagas en el cuerpo litúrgico de la Iglesia evocadas aquí reclaman curación. Representan una ruptura comparable a la del exilio de Aviñón. La situación de una ruptura tan neta en una expresión de la vida de la Iglesia que lejos está de carecer de importancia, –antiguamente, la ausencia de los papas de la ciudad de Roma, hoy una ruptura visible entre la liturgia antes y después del concilio– esta situación reclama curación.

Por ello, hoy se necesitan nuevos santos, una o varias Santa Catalina de Siena. Se necesita la “vox populi fidelis” que reclamen la supresión de esta ruptura litúrgica. Pero lo trágico en la historia, es que hoy como ayer en el tiempo del exilio de Aviñón, una gran mayoría del clero, sobre todo del alto clero, está satisfecho con este exilio, con esta ruptura.

Antes de que se puedan esperar frutos eficaces y duraderos de la nueva evangelización, es necesario que en el seno de la Iglesia se instaure un proceso de conversión. ¿Cómo se puede llamar a los otros a convertirse si, entre los que llaman, no ha habido ninguna conversión convincente hacia Dios, porque, en la liturgia, no están suficientemente vueltos hacia Dios, tanto interior como exteriormente? El sacrificio de la misa, el sacrificio de adoración a Cristo, el mayor misterio de la fe, el acto de adoración más sublime, se celebra en un círculo cerrado, mirándose unos a otros.

Falta la “conversio ad Dominum” necesaria, incluso externamente, físicamente. Puesto que durante la liturgia, se trata a Cristo como si no fuera Dios y no se le manifiestan signos externos claros de una adoración debida a Dios solo, como cuando los fieles reciben la Santa Comunión de pie y, además, en la mano como un alimento ordinario, tomándola con los dedos y metiéndosela ellos mismos en la boca. Aquí hay un peligro de una especie de arrianismo o de semi-arrianismo eucarístico.

Una de las condiciones necesarias para una nueva evangelización fructuosa sería el siguiente testimonio de la Iglesia en el plano del culto litúrgico público, observando al menos estos dos aspectos del Culto divino, a saber:
1) Que en toda la tierra, la Santa Misa se celebre, incluso en la forma ordinaria, con una postura de “conversio ad Dominum” interior y también, necesariamente, exterior.
2) Que los fieles doblen la rodilla delante de Cristo en el momento de la Santa comunión, como San Pablo pide evocando el nombre y la persona de Cristo (cfr. Filip. 2, 10), y que Lo reciban con el mayor amor y el mayor respeto posibles, como le corresponde en tanto verdadero Dios.

Gracias a Dios, el papa Benedicto XVI ha comenzado el proceso de retorno del exilio de Aviñón, mediante dos medidas concretas que son el Motu proprio Summorum Pontificum y la reintroducción del rito de comunión tradicional.

Hacen falta aún muchas oraciones y tal vez una nueva Santa Catalina de Siena a fin de que se den los restantes pasos para curar las cinco llagas del cuerpo litúrgico y místico de la Iglesia y para que Dios sea venerado en la liturgia con ese amor, ese respeto, ese sentido de lo sublime que siempre fueron característicos de la Iglesia y su enseñanza, en particular, a través del Concilio de Trento, el papa Pío XII en su encíclica Mediator Dei, el concilio Vaticano II en su constitución Sacrosantum Concilium y el papa Benedicto XVI en su teología de la liturgia, en su magisterio litúrgico práctico y en el motu proprio antes citado.

Nadie puede evangelizar si primero no ha adorado, incluso si no adora permanentemente y no da a Dios, Cristo Eucaristía, una verdadera primacía en la forma de celebrar y en toda su vida. En efecto, retomando las palabras del cardenalJoseph Ratzinger: “En la manera de tratar la liturgia es donde se decide el destino de la Fe y de la Iglesia”.
Paix Liturgique

miércoles, 11 de abril de 2012

La misa Kika y la encerrona contra el Papa


Sandro Magister revela hoy en Chiesa On Line el motivo por el cual el Camino Neocatecumenal hizo una fuerte campaña propagandística a comienzos de 2012 por la cual afirmaba que sus liturgias iban a recibir aprobación pontificia: alguien, de antemano, los había convencido de ello. ¿De qué manera intervinó el Papa para evitarlo y cual es la situación presente?

Esa extraña misa que el papa no quiere

Es la misa según el rito del Camino neocatecumenal. Benedicto XVI ha ordenado a la congregación para la doctrina de la fe que lo examine a fondo. Su condena parece fijada

de Sandro Magister

ROMA, 11 de abril de 2012 – Con una carta autógrafa al cardenal William J. Levada, Benedicto XVI ha ordenado a la congregación para la doctrina de la fe que examine si las misas neocatecumenales son o no conforme a la doctrina y a la praxis litúrgica de la Iglesia católica.

Un "problema", éste, que el papa juzga "de gran urgencia" para toda la Iglesia.

Hace tiempo que Benedicto XVI está preocupado por las modalidades particulares con las que las comunidades del Camino neocatecumenal celebran sus misas, el sábado por la noche, en locales separados.

Su preocupación ha aumentado también por la trama urdida a sus espaldas en la curia el invierno pasado, sobre la que informó www.chiesa en los siguientes servicios:

> ¿"Plácet" o "Non plácet"? La apuesta de Carmen y Kiko (13.1.2012)

> Diario Vaticano / A los neocatecumanales el diploma. Pero no lo que esperaban (23.1.2012)

Lo que sucedió es que el pontificio consejo para los laicos, presidido por el cardenal Stanislaw Rylko, había preparado el texto de un decreto de aprobación global de todas las celebraciones litúrgicas y extralitúrgicas del Camino neocatecumenal, que tenía que hacerse público el 20 de enero en ocasión de un encuentro previsto del papa con el Camino.

El decreto había sido redactado por indicación de la congregación para el culto divino, presidida por el cardenal Antonio Cañizares Llovera. Los fundadores y líderes del Camino, Francisco "Kiko" Argüello y Carmen Hernández, fueron informados de ello y anticiparon felices a sus seguidores la inminente aprobación.

Todo sin el conocimiento del papa.

Benedicto XVI vino en conocimiento del texto del decreto pocos días antes del encuentro del 20 de enero.

Lo encontró inconexo y equivocado. Ordenó que se anulara y se volviera a escribir según sus indicaciones.

De hecho, el 20 de enero, el decreto que se hizo público se limitó a aprobar las ceremonias extralitúrgicas que marcan las etapas catequéticas del Camino.

El papa en su discursó subrayó que solo éstas habían sido convalidadas, mientras que acerca de la misa dio a los neocatecumenales una verdadera y propia lección - casi un ultimátum - sobre cómo celebrarla en plena fidelidad a las normas litúrgicas y en efectiva comunión con la Iglesia.

En esos mismos días Benedicto XVI recibió en audiencia al arzobispo de Berlín, Rainer Maria Woelki, hombre de su confianza, al que en breve habría hecho cardenal. Woelki le habló, entre otros, precisamente de las dificultades que los neocatecumenales creaban en su diócesis, con sus misas separadas del sábado por la noche, oficiadas por una treintena de sus sacerdotes.

El papa pidió a Woelki que le hiciera una nota escrita sobre este tema. El 31 de enero Woelki le envió una carta con información más detallada.

Días más tarde, el 11 de febrero, el papa envió una copia de esta carta a la congregación para la doctrina de la fe, junto a su petición de examinar cuanto antes la cuestión, que "no sólo concierne a la archidiócesis de Berlín".

Según las indicaciones del papa, la comisión de examen presidida por la congregación para la doctrina de la fe tenía que tener la colaboración de otros dos dicasterios vaticanos: la congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, y el pontificio consejo para los laicos.

Y así ha sido. El 26 de marzo, en el Palacio del Santo Oficio, bajo la presidencia del secretario de la congregación para la doctrina de la fe, el arzobispo Luis Francisco Ladaria Ferrer, jesuita, se han reunido para un primer examen de la cuestión los secretarios de los otros dos dicasterios – el arzobispo Augustine J. Di Noia, dominico, para el culto divino y el obispo Josef Clemens, para los laicos – y cuatro expertos por ellos designados. Un quinto experto, ausente, dom Cassiano Folsom, prior del monasterio de San Benedicto en Norcia, envió su opinión por escrito.

Los juicios expresados sobre las misas de los neocatecumenales han sido todos críticos. Muy severo ha sido también el que la misma congregación para la doctrina de la fe había pedido, antes de la reunión, al teólogo y cardenal Karl J. Becker, jesuita, profesor emérito de la Pontificia Universidad Gregoriana y consultor del dicasterio.

El dossier predispuesto para la reunión por la congregación para la doctrina de la fe incluía la carta del papa del 11 de febrero, la carta del cardenal Woelki al papa en el original alemán y en versión inglesa, el parecer del cardenal Becker y una guía a la discusión en la cual se ponía en duda de forma explícita la conformidad a la doctrina y a la praxis litúrgica de la Iglesia católica del art. 13 § 2 del estatuto de los neocatecumenales, ese con el que ellos justifican sus misas separadas del sábado por la noche.

En realidad, el peligro temido por Benedicto XVI y otros muchos obispos – como resulta por las numerosas denuncias llegadas al Vaticano – es que las modalidades particulares con que las comunidades neocatecumenales de todo el mundo celebran sus misas introduzcan de hecho en la liturgia latina un nuevo "rito", compuesto de forma artificial por los fundadores del Camino, ajeno a la tradición litúrgica, lleno de ambigüedades doctrinales y factor de división en la comunidad de los fieles.

El papa ha confiado a la comisión por él deseada la tarea de averiguar el fundamento de estos temores, en vista de las consiguientes decisiones.

Los juicios elaborados por la comisión serán examinados en una próxima reunión plenaria de la congregación para la doctrina de la fe, un miércoles – una "feria quarta" – de la segunda mitad de abril.

Secretum Meum Mihi

viernes, 30 de marzo de 2012

Fidel Castro pregunta al Papa por sus cambios litúrgicos


Reproducimos íntegro una entrada que publica la web Secretum Meum Mihi, que es una reflexión acerca del diálogo del Santo Padre con Fidel Castro. Es más que llamativo que un claro adversario de la Iglesia se dé cuenta de los cambios durante el Pontificado de Benedicto XVI, y que muchos sacerdotes no se den por enterados, sencillamente por aversión a la Tradición y al Primado de Pedro. Esperemos que el clero católico, hagan un claro gesto de obediencia al Romano Pontífice, e imiten la liturgia papal, dignificando la Liturgia.
 
La agencia AFP (ver aquí), basada en la conferencia de prensa brindada por el Portavoz vaticano, P. Federico Lombardi, dice respecto del encuentro de Benedicto XVI y Fidel Castro (énfasis añadido):

"Fidel hizo varias preguntas al Papa para conocer su pensamiento sobre diversos temas", señaló el portavoz Lombardi, al destacar que el "líder máximo" de la revolución es exalumno de los jesuitas.

"Él (Castro) interrogó al Papa sobre tres cosas. La primera fue sobre los cambios litúrgicos en la misa. "Después, Fidel Castro preguntó: ¿qué hace un Papa, cuál es su misión y su tarea?". "Al final, la tercera pregunta abordada fue sobre las dificultades de los tiempos de hoy ante los retos de la modernidad".


Incluso un individuo declaradamente comunista como Castro nota los cambios en la liturgia que, según refiere el P. Lombardi, era muy diferente en los tiempos de cuando el era un jóven estudiante en un colegio de los Jesuitas. Para que escuchen exactamente el asunto tal y como fue referido, los invitamos a que presten atención al minuto seis de este video de la rueda de prensa concedida por el P. Lombardi trás el encuentro Benedicto XVI-Fidel Castro.

Eso nos sirve de ejemplo para más o menos constatar aquellas palabras de Mons. Klaus Gamber plasmadas en su obra La Reforma De La Liturgia Romana: Sus Problemas y Antecedentes:

«Un católico que hubiera cesado de ser un miembro activo de la Iglesia por la pasada generación y que, habiendo decidido retornar a la Iglesia, quiere volver a ser activo religiosamente, probablemente no reconocería a la Iglesia de hoy como la misma que él había dejado. Simplemente entrando a una iglesia Católica, particularmente si eso sucediera en una de diseño ultra-moderno, se sentiría como si hubiera entrado en un extraño, sitio foraneo. Pensaría que debe haber ido a la dirección equivocada y accidentalmente terminó en cualquier otra comunidad religiosa Cristiana»

Suponemos que el Santo Padre habrá corregido a Fidel en su percepción de que ha habido cambios en la liturgia y le habrá dicho que eso que él ve como cambios en realidad no es más que una “renovación", ¿o no?.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Cruces y altares velados II

 Colegiata de San Lorenzo Mártir, Ferrandina, Italia

Parroquia de San Leonardo de Puerto Mauricio, Madison, Nebrasca, USA



Abadía benedictina de Irsee, hoy en día es iglesia parroquial, Wigratzbad, Baviera, Alemania

 Parroquia de Santa María Reina, Barcelona, España

domingo, 25 de marzo de 2012

Cruces veladas

Parroquia de la Anunciación de María Santísima, Tavole, Imperia, Italia
Oratorio de San Francisco de Sales, Saint Louis, Estados Unidos.

Iglesia del Salvador, Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina, Toledo, España

Desde las primeras vísperas del domingo de Pasión, V de Cuaresma, se vela la cruz hasta el viernes santo cuando se realice la adoración a la cruz, y las imágenes hasta la vigilia pascual.

sábado, 17 de marzo de 2012

Carcoma contra los ritos orientales


Don Orazio Patrone es un joven sacerdote italiano perteneciente al Camino neocatecumenal. Lleva tres años en Egipto trabajando en una parroquia católica de Rito Copto (existen unos 400.000 católicos de este rito en Egipto). El presbítero ha logrado su "minuto de gloria" mediática con esta perla, incluida en una entrevista publicada en Zenit:

"La Iglesia en Egipto está muy ligada a sus tradiciones, sobre todo litúrgicas, y tiene dificultad de entrar en el dinamismo de la Nueva Evangelización auspiciado por el Concilio Vaticano II. Por otra parte, hay intentos y apertura sobre todo del lado católico, que está atento y relativamente informado de lo que acaece en occidente. Lo demuestra, entre otras cosas, la apertura, aunque lenta, a los carismas surgidos después del concilio. Están presentes en la parroquia realidades como los focolares y el camino neocatecumenal, y otros movimientos nacidos en Egipto con el objetivo de una renovación en vistas de la Nueva Evangelización".

El artículo también critica la importancia del Viernes Santo en la Liturgia oriental frente -dice él- al Domingo de Resurrección: "una liturgia muy larga como era antes el uso de la iglesia latina preconciliar". 

Conclusión: la riquísima liturgia oriental, de tanta antigüedad en el cristianismo y regada por la sangre de tantos mártires, es un obstáculo para la Nueva Evangelización. Y precisa de jovencitos sacerdotes occidentales que vayan a enseñarles el "camino" a seguir y que, de alguna manera, menosprecien su singularidad litúrgica al considerarla menos fructífera. Los carismas que cuentan son los surgidos tras el Concilio Vaticano II, porque al parecer durante más de mil años la Iglesia no dio carismas que merecieran la pena y los que dio ya no cuentan. Y el espíritu del Concilio, ya desvanecido, ha dado lugar al dinamismo de la Nueva Evangelización, que tampoco nadie sabe lo que es.

El asalto a los Ritos Orientales se está gestando en el Seminario Redentoris Mater de Beirut, en Líbano. Un seminario diocesano "inter-ritual" que forma presbíteros para la Nueva Evangelización, con vocación destinada a servir la Iglesia oriental. Nada que objetar a ésto si de verdad la vocación fuera servir a las perseguidas Iglesias en Oriente, y no pretender ir evangelizarlas y cuestionar su liturgia.

Rorate Caeli (en inglés)
Cammino.info  (italiano)
Acción Litúrgica (español)